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lunes, 7 de septiembre de 2015

MEJILLONES A LA MARINERA



Se acerca el invierno y con él se acaba el enseñar nuestros cuerpos serranos. Por tanto, podemos permitirnos el lujo de recuperar deportes tan nobles como el de mojar pan en salsas sin reparo ni dar cuenta públicamente. De manera que nada mejor que cocinar unos sencillos Mejillones a la Marinera como se hacen en casa desde hace tiempo y que tanto gustan a mi entregado público.

Esta receta es un cajón de sastre donde encontramos mil y una versiones, todas válidas y sabrosas. Su nombre le viene no de acompañar a pescado y mariscos, si no de salir de las cocinas de los barcos napolitanos en el siglo XVI como método de tener salsa sabrosa que no se estropease con facilidad en una época donde no existían frigoríficos.
                Espero que acaben como yo, querido en casa cuando cocino este plato.
                Un saludo

INGREDIENTES
600g. de mejillones, pimentón ahumado de La Vera, 1 hoja de laurel, sal y pimienta, aceite de oliva, puré de tomate, 2 cebollas, 2 pimientos de freír, dos cucharaditas de azúcar, 5dientes de ajo, un chorrito de Pernod, una cucharadita de harina, hojas de albahaca fresca.

              
  
               En primer lugar, salteamos tres dientes de ajo, cebolla y pimientos. Cuando estén pochados añadimos la harina y el pimentón y cocinamos para que absorba el exceso de aceite de oliva. Incorporamos el tomate triturado junto a dos cucharaditas de azúcar y dejamos cocer unos minutos antes de triturar con una batidora. Una vez terminado este proceso, reservamos la salsa de tomate para añadir finalmente a los mejillones.

                En una cazuela ancha y baja de la que tengamos la tapadera, colocamos dos dientes de ajo que nos quedan, sin pelar y machacados con el canto del cuchillo, y la hoja de laurel a fuego fuerte sin grasa alguna. Cuando tenga temperatura incorporamos los mejillones y sazonamos, tapando unos minutos.

               

               Una vez observemos que empieza a salir agua de los mejillones porque inicia el proceso de cocción, rociamos con un chorrito de Pernod y dejamos que reduzca. Añadimos la salsa de tomate que teníamos reservada y dejamos que se terminen de abrir los mejillones en la salsa, mezclándose así aromas y sabores.


                Para decorar perfumando, trinchamos unas hojas de albahaca fresca sobre la fuente de mejillones y para alucinar mojándolos, podemos preparar unos costrones de pan tostándolos en una sartén junto a orégano y tomillo sin aceite alguno. Añadiendo pimentón ahumado cuando estén listos.

lunes, 2 de marzo de 2015

TARTAR DE AGUACATES Y PIPIRRANA, MOUSSE DE QUESO DE CABRA Y MIEL DE CAÑA CON NUECES

Un tartar en sí mismo no es más que una preparación de un elemento en crudo y que, o bien lo ligamos con huevo crudo o montado en una mahonesa, o lo maceramos para que adobe en un elemento ácido, o ambas cosas. La cuestión es que en un tartar no necesitamos encender el fuego de la cocina ni por un asomo, por tanto alguien podrá pensar que es una receta ideal para un día que haya un apagón.
En el caso que nos ocupa, lo vamos a hacer con una pipirrana a la que vamos a añadir aguacates. La pipirrana es una receta eminentemente Andaluza y Mediterránea, obviamente es su cultivo y su proximidad la que propició su popularidad. Es de lógica pensar que la bonanza del clima en lugares que apetece en verano más una ensalada que un plato consistente, sea donde se expandan y desarrollen este tipo de recetas; de ahí que
en el norte de España no encontremos ejemplos similares de esta manera de preparar los ingredientes antes citados. El toque diferente del plato de hoy respecto a la receta tradicional es el añadir aguacate pues su cultivo se ha popularizado desde hace pocos años en Andalucía y, por tanto, no forma parte del recetario tradicional así como incorporar el sabor del queso de cabra, que tan brillantemente ha surgido en las recetas de ensalada en los últimos tiempos y cuya cría se hace de forma tan esmerada en la zona malagueña de Casabermeja.

INGREDIENTES
1 Tomate, 1 cebolla, 1 pepino, 1 pimiento verde, 2 aguacates, una cucharada de semillas de sésamo, ½ litro de nata de montar, 200 gr. Rulo de queso de cabra de Málaga, nueces, sal, pimienta blanca, miel de caña de Vélez Málaga 
Prepararemos la pipirrana con dados cortados muy pequeñitos de pepino, tomate, pimiento, aguacate y cebolla, aderezando todo ello con una vinagreta de aceite de oliva, sal, vinagre y ½ aguacate que batiremos con una batidora despacio hasta que emulsione en un bol aparte y que mezclaremos con el conjunto una vez que consigamos que sea homogénea. Para acabar, tostamos semillas de sésamo en una sartén sin grasa alguna y las incorporamos a la pipirrana.
Para hacer el mousse, montamos nata muy fría en un bol con ayuda de una batidora y sus varillas, añadiendo sal y pimienta blanca a medio montar. Cuando esté compacta la mousse, incorporamos el queso de cabra de Málaga desmigado y lo mezclamos con el mousse batiendo un poco más. Enfriamos terminada durante un par de horas antes de servir.

Para montar el plato, disponemos el tartar de pipirrana en un molde cilíndrico apretándolo con el dorso de una cuchara para que no se desmorone. Coronamos con una quenela de mousse de queso de cabra y unas nueces. Aderezamos con la vinagreta de aguacate y una filigrana de miel de caña.
No quiero acabar esta receta sin agradecer el espléndido trabajo de la fotógrafa Beatriz Moreno, que ha recogido de una forma tan impecable mi trabajo. 

jueves, 26 de febrero de 2015

TABOULÉ

Para el espíritu analítico de los doctos andalusíes –muy versados en las ciencias especulativas–, también la cocina tenía su importancia conceptual, científica, y su propia filosofía. 
Desde esta perspectiva, los alimentos serán ante todo un medio para conservar y recuperar la salud; toda una obligación para el musulmán, que consideraba la higiene y el cuidado corporal como algo natural e imprescindible en la vida del ser humano.
En nuestra modernas cocinas podemos ver que existen variadas formas de preparar los
alimentos que nos vienen de Al-Andalus. Entre ellas podemos destacar:
-Los cocidos en los que se mezclaban tres elementos básicos de la alimentación: verduras, carnes y legumbres.
-Las albondigas y empanadas que servían para aprrovechar las carnes sobrantes de platos anteriores.
-Las gachas, hechas sobre todo con harina de garbanzo.
-Las migas hechas de trozos de pan sobrantes.
-Los salazones, que ya tenían una tradición reconocida desde la época tartásica,pero que mejoraron considerablemente.
-Los escabechados con vinagres y plantas aromáticas.

Uno de los principales legados en nuestros recetarios proveniente del la época del Al-Andalus esla utilización de los sabores dulces en platos salados a través del empleo de frutos secos como almendras, castañas, piñones, etc. y frutas secas como higos y pasas fundamentalmente, o la miel en el guisado de carnes o pescados.

PREPARACIÓN:
Esta receta es muy sencilla.
 Primero hay que hacer el Cous-Cous como te diga el fabricante. Luego haces una pipirrana de tomate, pimiento, cebolla y pepino (puedes eliminar el elemento que no te haga gracia si es el caso) a la que le añades frutos rojos (en supermercados puedes encontrar una latitas baratas y de buen sabor). Sazonas bien la pipirrana. 
Si no te gustan los frutos rojos, sólo se puede añadir pasas y almendras laminadas y que da igual de bien como en la foto.
Para terminar el plato hay que hacer una vinagreta de vino tinto si usas frutos rojos o una de comino, sal, aceite, vinagre de Jerez y perejil si usas almendras y pasas solamente. 
Para la opción de frutos rojos, debes hervir vino tinto, un vaso, junto a un par de cucharadas soperas de azúcar y dejas que reduzca hasta que tenga punto de sirope (cuando metes una cuchara se viene un hilo denso hacia arriba). Cuando esté frío el sirope, mezclas aceite de oliva, el jugo que trae la latita de frutos rojos y vinagre de Jerez con sal y pimienta y le añades el sirope. Bates con una varilla para que se monte el aceite y aderezas el conjunto. 
Un beso muy grande

lunes, 22 de diciembre de 2014

CHUPA-CHUPS DE QUESO DE CABRA Y SÉSAMO

CHUPA-CHUPS DE QUESO DE CABRA Y SÉSAMO


INGREDIENTES

Queso de Cabra de Casabermeja , Pimentón de La Vera, 

Sésamo, Aceite de oliva, Sal y Pimienta



Quitamos la corteza del queso empleando un cuchillo afilado


para amasar hasta que sea maleable y podamos hacer 


bolitas con él. 






Tostamos el sésamo con sólo unas gotas de aceite de oliva.


Rebozamos el queso en pimentón y pasamos por sésamo 


sazonado con sal y pimienta


martes, 12 de marzo de 2013

CEBOLLETAS ASADAS AL ROMESCU (CALÇOTS)


CEBOLLETAS ASADAS AL ROMESCU (CALÇOTS)
INGREDIENTES
3 tomates maduros,  2 dientes de ajo, 6 avellanas y 6 almendras crudas,  1 rebanada de pan tostado, 2 ñoras,  1 cucharada de vinagre,  Aceite de oliva virgen extra, Sal,  18 o 20 cebolletas pequeñas
          No es la primera vez que les propongo desde esta tribuna una receta cuyo origen es fruto de la casualidad o el mal proceder del cocinero o guisandero de turno que, sin proponérselo en modo alguno, obtiene un nuevo plato derivado de una mala aplicación de la técnica de cocina apropiada para cada caso y que resulta mucho mejor que el original. En el caso de las cebolletas tiernas o calçots, como se llaman en Cataluña  que es la cuna de esta receta, la tradición cuenta que hace algo más de 100 años, Xat de Benaiges, un agricultor de Valls en la provincia de Tarragona, asó por primera vez las cebollas tiernas sobre un fuego llameante en lugar de sobre las brasas. No se sabe si lo hizo como fruto de una ocurrencia brillante o de un error al alimentar el fuego. Xat peló el extremo carbonizado de las cebollas e inventó el calçot, que actualmente atrae a miles de turistas y fascina a lugareños.
                Alrededor de los calçots se celebra una fiesta popular que es muy seguida por la gente del lugar y que reúne a más de 300.000 personas cada final de Enero en la localidad del Valls, Tarragona. El calçot es una cebolleta tierna, blanca y dulce que, asada a la brasa y acompañada de salsa romesco, es la base de la calçotada durante toda su temporada que es de febrero a marzo y se puede degustar en numerosos restaurantes que ofrecen un menú especial a base de calçots, butifarras, carnes a la brasa, vino y postres.
           La palabra calçot procede del verbo catalán calçar que significa acollar (cobijar con tierra el pie de los árboles), ya que al igual que los espárragos se amontona tierra alrededor de los brotes de cebolla para que crezcan alargados, blancos y tiernos. Su cultivo se prolonga durante casi un año entero: en febrero se plantan, a finales de julio se desentierran, se clasifican y se plantan de nuevo. El buen calçot debe tener un pie con un color blanco intenso, ser consistente, que no se rompa en hilos cuando se coma, y estar en su punto de dulzura. A medida que avanza la temporada, el calçot va tomando más consistencia, reduce el porcentaje de agua y alcanza un sabor más intenso.
               La receta en sí misma no es nada difícil, pues sólo se asan sobre parrillas las cebolletas a llama viva y posteriormente se envuelven en papel de periódico para que conserven el calor. Se sirven igualmente de una forma muy curiosa, sobre una teja caliente, al objeto de que se mantenga el calor. Una vez puesta en la mesa, con la mano se retira la capa chamuscada y antes de consumirlo se unta el calçot en una salsa romesco. Sólo es aquí donde reside un poco de complicación, aunque muy poca, pues para hacer una buena romesco necesitaremos  tomates, cebollas, ñoras, guindillas secas, almendras y avellanas tostadas. Los tomates, cebollas, ñoras debemos asarlos y a medida que van estando a punto se sacan del horno y se pelan. Seguidamente, en un mortero se machacan los ajos hasta conseguir una pasta. Se incorporan el resto de ingredientes y se sigue trabajando hasta obtener una pasta fina; ni que decir tiene que podemos ayudarnos de una batidora si consideramos la tarea demasiado ardua.
             Una vez machacado todo, se incorpora el aceite de oliva virgen extra, poco a poco y en forma de hilo, sin dejar de mover con el mazo. Cuando la salsa esté montada se termina añadiendo un poco de vinagre y se comprueba el punto de sal.
Dado que a veces puede resultar difícil montar la salsa, es habitual añadir una rebanadita de pan para ayudar a ligarla.
foto de lachicadelflequillo.blogspot.com
  

martes, 28 de febrero de 2012

ALCACHOFAS CON GAMBAS EN SALSA VERDE

ALCACHOFAS CON GAMBAS EN SALSA VERDE
                Acercándose el día de San Valentín todos nos preguntamos qué es lo mejor, y más baratito, que podemos regalar a nuestra amada pareja. La verdad sea dicha es que llegada la situación al punto que está, es mejor gastarse el dinero en cosas prácticas que en banalidades que no llevan más lejos que al mero detalle, y en este terreno es con las cosas del comer con lo que siempre se acierta. No obstante, en esta fecha lo primero que se viene a la cabeza es lo de regalar unas flores aunque, volviendo al tema de la practicidad no me negarán que muy prácticas no son. De todas formas, ¿quién había dicho que las flores no se comen? Y, rizando aún más el rizo, ¿quién no les dice a ustedes que comemos flores de manera mucho más frecuente de lo que nos creemos?
                La respuesta a todos estos enigmas es nuestra amiga la alcachofa. La alcachofa de la variedad Blanca de Tudela que se cultiva en España es una de las verduras más ensalzadas por los gastrónomos. Denominada la flor de la huerta por su característica forma, se distingue de otras por su forma más redondeada y consumimos su parte floral, o mejor dicho, los capullos antes de abrirse. A pesar de tratarse de una flor, encontramos esta planta, rica en vitaminas y sales minerales, clasificada entre las verduras de invierno.  La alcachofa es un componente habitual de la dieta mediterránea, forma parte de esos caprichos que proporcionan muy pocas calorías, pero que además tiene otras virtudes como la de regular el nivel de colesterol y estar indicado para personas con problemas circulatorios o de corazón. Posee una cantidad escasa de calorías y  es una de las hortalizas más ricas en fibra de nuestras huertas, aportándonos así una sensación de plenitud tras la comida, sin olvidar los beneficios digestivos que nos aporta dicha fibra regulando el tránsito intestinal. La dieta de la alcachofa está considerada como una dieta depurativa. El efecto diurético otorgado por uno de sus componentes, la cinarina, y el ligero efecto laxante que provoca el magnesio presente en esta flor hacen que resulte un alimento recomendable para la eliminación de líquidos y grasas de nuestro organismo.
                Como imaginarán, nada más lejos de mi intención que le regalen a su amada un ramo de alcachofas por el día de los enamorados junto a un enorme lazo, pero si han de gastar dinero en flores… que sean comestibles, que la cosa está muy mala.
Un abrazo.
INGREDIENTES
 300 g. de alcachofas, 300 g. de bacalao, 100 g. de gambas, dientes de ajo, Aceite de oliva, Perejil fresco,
Harina fina, agua,  Brandy, un vaso
                
         La primera operación que llevaremos a cabo será cocer las alcachofas. Por tanto, las limpiaremos de las hojas externas y las sumergiremos en agua con sal, limón y un poco de harina de repostería disuelta para evitar que se pongan negras y nos resulten brillantes y tersas. Así mismo, en el agua de la cocción, añadimos las cabezas de las gambas y dejamos que hiervan junto a la verdura para que perfumen al conjunto con sabor a marisco.
                Mientras nos cuecen las alcachofas, disponemos los dientes de ajo laminados a sofreír en aceite de oliva, añadiéndole las gambas peladas y el bacalao en tacos, flameándolos con un vaso de brandy hasta que reduzca casi por completo. Tras esto, incorporamos una cucharada de harina para que absorba el aceite y nos sirva de base para la salsa verde añadiéndole poco a poco el agua donde cocimos las alcachofas y abundante perejil trinchado, dejando que hierva a fuego lento hasta que se forme una crema que rectificaremos de sal y le añadiremos un poco de limón.  
                Solo nos queda agregar las alcachofas troceadas en cuartos y dejar hervir durante unos momentos antes de servir junto a un toque de pimentón dulce espolvoreado.     

sábado, 14 de enero de 2012

MENESTRA A LA RONDEÑA

MENESTRA RONDEÑA
La venta de verduras se ha disparado desde que la Navidad ha terminado. Esa ha sido la noticia que mas me llamó la atención la semana pasada, aunque imagino que la venta de verduras habrá sido equiparable a la venta de ropa deportiva, pues la pérdida de grasa no se consigue sólo con comer verduras…por tanto, imagino que las colas para comprar en la verdulería son igualables a las que hay para matricularse en los gimnasios. Me temo que los recintos deportivos modernos son como los antiguos purgatorios donde se expiaban los pecados de toda naturaleza, siendo en nuestro caso pecados de gula los que debemos purgar. No obstante, tampoco debemos ser mas papistas que el Papa y renunciar a lo que nuestro trabajo y el de nuestros antepasados nos ha legado, la riqueza gastronómica y el bienestar social, fruto exclusivamente del trabajo y sólo del trabajo de cada uno de nosotros, cuestión que tiene por contrapartida algún que otro michelín, bienvenidos sean.
                Todo esto viene a colación de una conversación que tuve hace poco con un amigo entrado en años que me decía que en los sesenta cuando alguien te veía y te decía que estabas más gordo era un halago difícil de devolver que te llenaba de alegría y tranquilidad. Al contrario, hoy día poco más o menos que nos atraviesan con un puñal si alguien se le ocurre decirnos tal cosa. Parece broma pero es así.
                Siguiendo con el tema de las dietas, debemos reconocer que, en general, son difíciles de seguir. Seamos sinceros, ¿quién lleva a rajatabla las indicaciones, proporciones y medidas que marca una dieta?; en las revistas las tenemos a cientos, las amigas, las primas, las vecinas y las hermanas se pasan entre sí regímenes que le han dicho que a la amiga de la vecina de su amiga le fue bien… ¡cualquiera sabe! Pongamos como ejemplo la dieta de la alcachofa, la de la manzana, la de todo el día a piña, la de la herboristería…y un largo etcétera que convertirían esta colaboración en un tratado a caballo entre prensa científica y prensa rosa, pues si una dieta está entre los horóscopos y un test para saber si tu novio es fiel, ¿cómo lo podríamos  tomar en serio?
                Por otro lado está quien usa en serio los consejos de un médico y se come todas las lechugas con rosada plancha del mercado pero, a la hora de la merienda, le entra ansiedad y acaba con los mantecados que sobraron  las pasadas navidades.
                Para este tipo de personas, que quieren pero que les cuesta y que sólo se engañan a sí mismos, porque al estómago no lo hacen, les propongo una receta que contiene un surtido de verduras y un pecado para que les sea mas leve, la morcilla de cebolla de Ronda. La verdura la vamos a preparar conformando una menestra, término tan curioso como denostado debido a su uso congelado, que no es mas que un subproducto muy socorrido y económico para salir del paso, pero que no hace justicia al plato en su versión original. Como decía, menestra es un término curioso, pues es latino de raíz y deriva del italiano “minestra”, que significa “servir en mesa”.
                En nuestra receta de esta semana, es la morcilla la que identifica la procedencia del plato. Su elaboración es muy sencillita, además si tenemos tiempo, es conveniente hervir los ingredientes por separado pues cada uno tiene su propio punto de cocción y éste es el secreto de toda buena menestra.         

INGREDIENTES

 Aceite de oliva,1 Cebolla,  1 Morcilla de Ronda, ½ litro de caldo, ¼ ltr. salsa de tomate, 500 grs. De habas, 500 grs. De guisantes, 3 o 4 alcachofas grandes
                En primer lugar vamos a limpiar las alcachofas de las hojas duras que tenga y las dispondremos a cocer en agua con sal. Por otro lado, desgranaremos los guisantes y los coceremos igualmente, así como sacaremos de las vainas las habas y haremos lo propio en otra agua. Una vez que estén los ingredientes cocidos los escurriremos de su agua y los reservamos.

                En una sartén antiadherente, prepararemos aceite de oliva a calentar  y echaremos la cebolla cortada lo mas finamente que podamos y troceada muy pequeña. En cuanto que esté pochada le añadimos la salsa de tomate y mojamos con el caldo hasta que reduzca un tercio de su volumen, momento en que echamos las verduras y dejamos hervir un poco más.
                Seguidamente, tras haber calentado las verduras en el preparado, cortamos en rodajas la morcilla y la ponemos en la sartén sobre el  guiso, dándole unas vueltas para que suelte sabor durante unos cinco minutos. Es recomendable servir enseguida, además de acompañarla de unos triángulos de pan tostado que le vienen muy bien.

domingo, 23 de octubre de 2011

BUÑUELOS DE CALABAZA Y ESPINACAS

BUÑUELOS DE CALABAZA Y ESPINACAS 

Escuchar las noticias o abrir cualquier periódico a día de hoy, significa exponerse a sufrir un amago de infarto en cualquier momento, de la impresión que te llevas al ver los resultados de la bolsa y las consecuencias directas que vienen hacia el ciudadano, que asiste perplejo e impotente a la paradoja que resulta de tener que poner dinero de sus impuestos cuando pierden dividendos los bancos, sin haber recibido ni un duro todos estos años atrás cuando los balances eran positivos. El haber repartido cuando la cosa iba bien, habría provocado que al poner cuando va mal no tuviésemos tan acentuada la cara de tonto que se nos está quedando a todos. Una cosa es tener cara de panoli y otra bien distinta es que nos tomen por uno de ellos, que eso generalmente, molesta. En resumen, este año, con motivo de la festividad de Todos los Santos y los Fieles Difuntos tengo una seria duda entre poner una vela al ministro de economía o a quien hace años que ya no da un ruido varios metros bajo tierra. Lo pensaré durante toda la semana.

Como estamos a finales de Octubre,  un mediodía cualquiera llega un niño a su casa después del colegio y le dice a su madre de forma atropellada, casi sin respirar por la emoción: “mamá, el viernes es Halloween, cómprame una calabaza para hacerle boca y ojos y meterle una vela encendida…” Casi sin esperar a que el niño termine, la madre le espeta a la cara una respuesta fulminante: “te voy a comprar dos, una de naranja y otra de limón…”

            La escena más o menos va a repetirse a lo largo de toda la semana en alguna que otra casa en nuestra querida Málaga, donde todo se adopta, más aún cuando a una fiesta viene ligado. Lo cierto es que la tradición de rendir culto a los difuntos no la inventaron los americanos ni los anglosajones, ni mucho menos, y es eso lo que nos hace ser tan reacios a que los niños la celebren como si de una cosa nueva se tratase, hasta el punto de casi molestarnos. Aunque si nos paramos a pensar en la cantidad de tonterías y chucherías saturadas de colesterol que le compramos todos los días a los niños, para una vez que nos piden verdura de “motu propio” no podemos negarnos; sobre todo si somos listos y accedemos con la condición que les seguiremos el juego pero pasada la celebración, nos tenemos que comer la calabaza. Apostaría doble contra nada a que el niño entra por el aro.

            La verdad es que lo de la calabaza es una historia curiosa de contar, pues es una figura que tenemos muy presente gracias al cine fundamentalmente, pero creo que no está muy claro de donde viene la tradición.

            En lo que he podido recabar, cuenta la leyenda que las calabazas vaciadas y esculpidas con forma de cara con una luz interior, se deben colocar en puertas y ventanas y son conocidas como “Jack-o” o “lanters”.

            El llamarlas “lanters”, procede del término inglés linterna, pero lo de Jack hace referencia a una antigua leyenda irlandesa que hablaba de un borracho muy popular en su localidad y que se llamaba Jack. Al morir nuestro amigo, no entró en el cielo porque era un amargado, roñoso y mísero individuo, pero hete aquí que tampoco lo quiso el diablo porque, cuando se emborrachaba, lo maldecía a viva voz. Por todas estas virtudes, Jack fue condenado a vagar como alma en pena por la tierra con una linterna en la mano hasta el día del juicio final.

           
 Sea como fuese, esta semana pretendo tan sólo que aprovechen las calabazas que seguro que van a comprar por la inercia de la fiesta de marras. Así que lo mejor es que se hagan unos buñuelos de calabaza para aprovechar el tubérculo,  que seguro que les encantará a los niños y de camino ustedes no la tiran, que está la cosa muy mala. Un abrazo.


INGREDIENTES
 400 gr. de calabaza, 400 gr. de espinacas,  3 puerros, 2 patatas,  Agua,  aceite virgen extra, Sal,  pimienta negra,  pimentón, 1 rama de perejil, 200 ml. de agua templada, 200 gr. de harina,  30 gr. de levadura prensada 

             Para esta sencilla receta debemos de tener muy claros los tres pasos que se han de cumplir, siguiendo su orden será muy fácil de llevar a cabo. Por tanto, en primer lugar vamos a preparar una masa para rebozar la calabaza y las espinacas, así que disolveremos en un cuenco la levadura prensada con agua caliente removiéndola bien para que no queden grumos. Por otro lado, disponemos otro cuenco con la harina y le echamos el agua con levadura poco a poco, amasando bien la mezcla. Una vez sea homogénea, la tapamos con un paño de cocina y dejamos que repose hasta que suba al fermentar.

Para la base del plato, que será una crema de puerros y patatas, pelaremos las patatas y los puerros y los dispondremos a cocer en una cacerola durante veinte minutos con un poquito de sal. Tras ese periodo, escurrimos y trituramos hasta que sea un puré al que debemos rectificar de sal y pimienta, reservándolo finalmente. Las espinacas las colocamos en otro recipiente a hervir, pero sólo unos cinco minutos, tras esto las escurrimos y reservamos.

            Mientras el agua estaba hirviendo, aprovechamos el tiempo pelando y cortando en bastoncitos la calabaza. Precalentamos el horno a 160º y colocamos los trozos de calabaza en una bandeja del mismo para que se asen durante veinte minutos. Una vez asada, trituramos también con un tenedor.

            Para elaborar los buñuelos de calabaza y espinaca, repartimos la masa de rebozado en dos cuencos y le añadimos a uno la calabaza triturada y a otro las espinacas trinchadas a cuchillo. Repartimos bien la mezcla y freímos ayudados de dos cucharas en abundante aceite muy caliente. Una vez fritos, los escurrimos en papel de cocina.

            Para presentar el plato, disponemos el puré de patata y puerro en el fondo del plato y, sobre éste, un par de buñuelos de cada clase por persona. Si queremos decorar y perfumar el plato a su vez, mezclamos en un vaso pequeño un poco de aceite de oliva con pimentón y regamos el plato con un hilo de éste. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

HUEVOS RELLENOS

HUEVOS RELLENOS 
            Con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina, el debate político está a pie de calle protagonizando nuestro día a día y del que resulta casi imposible escapar. Pero no se asusten, no voy a hablarles de política en esta tribuna gastronómica por mucho que sea un tema que me apasione.
            Aún gustándome, tengo muy presente unas palabras que leí hace tiempo en las que se advertía de la política y el poder que tiene de corromper todo a lo que se arrima. Esta afirmación venía demostrada con un claro ejemplo de degradación, siempre según el autor del que no recuerdo el nombre, de una manera muy sencilla poniendo junto a una madre, que es lo más sagrado, la palabra política. El resultado de la unión conseguía una mamá política, o sea, una suegra en toda regla, casi nada.
            La verdad, es que con quien uno pretende relacionarse es con la hija. Con la madre de ésta, la suegra, ocurre como con los equipos de fútbol que conforme van ganando partidos, gustan más a sus seguidores. En mi caso, mi suegra gana todos los años la liga por goleada desde hace bastantes temporadas y, aunque me resultó ingeniosa la frase de la política y las madres, no puedo estar más en desacuerdo con ella por experiencia propia.
            Por estas páginas de Las Recetas de Alberto, han pasado vivencias propias que dan pie a muchas recetas que forman parten de nuestra cultura y forma de ser, siempre desde mi más íntimo y particular punto de vista. Mi mujer y mis hijos, mis padres, mi abuela, hermanos, cuñados y sobrinos son el eje de mi vida y la excusa perfecta para tirar de recuerdos en las que están siempre presentes las celebraciones alrededor de nuestra cultura y, por tanto, nuestra gastronomía. A esta altura de la película, por mucho que me paro a recordar, creo que de mi suegra todavía no había escrito como se merece, y eso hay que arreglarlo.
            Si existe justicia divina a cada uno hay que ponerlo en su sitio. Mi suegra hace mucho tiempo que ya no ejerce de suegra, puesto que sus tareas de abuela en las que mezcla habilidades de Super-Nany y de santo Job, el patrón de la paciencia, la tienen muy ocupada. Lo cierto es que la vida me ha tratado bien y ha sido generosa ofreciéndome la oportunidad de entrar a formar parte de una familia como la de mis suegros. Siempre he admirado la capacidad que ha tenido Pili, mi suegra se llama así, Pili Bermejo, de remangarse ante cualquier problema y afrontarlo con una resignación que se adorna tras una sonrisa.
            El paso del tiempo viene de la mano de un sinfín de problemas. Lo único malo de esto, que no es más que la vida misma, es no tener una familia a la que aferrarte cuando llegan los baches y, en ese sentido soy un privilegiado por contar con mis suegros para afrontarlos. Tanto mis hijos como yo mismo, pues empecé a “hablarle” a mi novia muy jovencito, prácticamente estamos siendo criados con el tratado de buenas maneras que ella siempre recuerda que estudió de niña y que creo que lo escribió de puño y letra, y si no es así, debería haberlo hecho.  
            Por supuesto, como en el ejemplo de los equipos  de fútbol, cada uno cuenta la historia tal y como la vive y a mi suegro, santo varón, siempre se le escucha la sentencia de que sólo él sabe lo que pesa la cruz que lleva encima con mi suegra… Sin ánimo de ponerme de parte de nadie, por la cuenta que me trae, me limitaré a ser sólo notario de los hechos que les relato, sin dejar pasar por alto el gesto que hace mi suegra, soplando hacia arriba, cada vez que escucha a mi suegro Paco decir tal cosa.
            De los recuerdos que van ligados a la familia y a la gastronomía antes citados, al hablar de Pili y sus recetas, nunca olvidaré lo primero que comí en casa de mi novia y que retengo como si fuese ayer.
            Andaba yo opositando a ser incluido en el derecho de poder “hablarle” a la que empezaba a ser mi novia, cuando me topé por primera vez con un plato de huevos rellenos de los que hace mi suegra y, a Dios gracias, también mi mujer. Fue probarlos y en ese instante comprendí que la muchacha que tenía a mi lado era justo lo que me convenía…o por lo menos la madre, puestos a unas malas. También recuerdo como me tragué un huevo entero de un bocado mientras me ponía en pie como un resorte al llegar mi suegro a casa, casi me atraganto de la impresión.

            La preparación en si, de tal locura del reino de las tapas, es tan fácil que resulta por eso mismo complicada de hacer bien, pues son pocos los ingredientes y es en la proporción donde está el secreto. Para ello, debemos cocer media docena de huevos con un puñado de sal. Tras esto, refrescamos bajo el chorro del grifo y pelamos, separando las yemas cuajadas de las claras que nos han de servir de cuenco del relleno. Para el relleno, lo conveniente es hacer una mahonesa casera con un leve toque de ajo; despachurrar con un tenedor la yema de los huevos y unir a la mahonesa, añadiéndolo seguidamente a dados de tomate maduro, lechuga picada, aceitunas sin hueso y atún desmenuzado.
            Trabajamos hasta que se haga una pasta y rellenamos con ésta las claras de los huevos en sus huecos y decoramos espolvoreando con una yema desmenuzada que debemos reservar para ello y un poco de perejil trinchado. Tan simple como sabroso, capaz de conquistar el corazón de un muchacho para una hija, por los siglos de los siglos, amén. Gracias Pili… y, por supuesto, la receta es lo de menos.


martes, 4 de octubre de 2011

PANQUEQUES CON REQUESON

PANQUEQUES CON REQUESON

            La receta de esta semana es, para ponerles un ejemplo, como quien se llama Francisco. Esta persona puede ser llamado Paco, Paquito, Curro, Kiko…etc., pero sigue siendo el mismo, aunque varía la manera de llamarlo dependiendo si es su madre, su novia o su jefe quien lo hace.
            Sólo en España hay muchos nombres para las obleas de harina que esta semana llamaremos panqueques pero que en Asturias son frixuelos  fiyuelos o fayuelos, en Galicia freíoslos, freixós o filloas, en Castilla hojuelas y, paseando por el mundo, en Francia y toda Europa Normanda lo llaman crêpes, en Inglaterra pancakes y, por último, en Argentina panqueques.
            De un tiempo a esta parte, la innovación que ha experimentado la cocina y sus maneras de presentar los platos de siempre, han rescatado del olvido estas sencillas recetas con las que elaboran obleas de grano de trigo que son una base perfecta para cocinar platos salados o dulces y una solución muy ingeniosa en el terreno de los rellenos y las salsas. Para cualquier salsa o crema a la que se acompaña con un crêpes o panqueque, ahorramos al distinguido comensal el engorroso momento en que desea mojar pan en el plato y no puede porque la reunión y sus formas no lo permiten. Ayudados de un cuchillo y un tenedor, mojamos cuanta salsa queramos y nadie nos puede tachar de tragones puesto que el panqueque no tiene otra manera de comerse.

            La utilización del grano molido para hacer masas que se fríen u hornean viene desde que el hombre es hombre y procede de las culturas más ancestrales que no tenían una religión procedente de una revelación divina, léase Cristianismo con Jesús o Islam con Mahoma por ejemplo, y que adoraban aquello que les permitía seguir con vida, la naturaleza y sus ciclos estacionales con el fruto de los campos. De esta manera, adoraban a lo más elemental que conseguía mantener alimentado al pueblo, la Tierra y el Sol. Por tanto, con las obleas daban forma al fruto de la madre naturaleza, el grano.

            No cabe duda que, partiendo de la base de la adoración homeomórfica, cada zona del planeta ha acompañado la elaboración de las tortas con lo que había a mano, dando lugar a miles de recetas y variedades dependiendo de la guarnición o salsa que se aplicase.

            La receta de esta semana es un ejemplo más de lo que vengo diciéndoles donde podemos observar que la utilización de elementos grasos indican que procede de una cultura bien europea o sudamericana, que es el caso precisamente, donde la ganadería está desarrollada y permite derivados cárnicos y lácteos con los que desarrollar ese tipo de recetas.  

INGREDIENTES

200 g. de garbanzos,  150g. De requesón, 100 g. De beicon, 1 diente de ajo,
 ½ cebolla,   2 huevos, 70 g. de harina,  30 g. de mantequilla, 1.5 Dl. de leche
1 Dl. de vino blanco,  1.5 Dl. de nata,  nuez moscada
100 g. de queso rallado, Aceite de oliva,  sal y pimienta, Cebollino fresco       

            Para esta sencilla receta vamos a necesitar hacer un relleno y una base para rellenar, que será el propio panqueque. Por tanto, vamos a cocinar primero el relleno y para ello pelaremos y picaremos la cebolla y el ajo, para luego rehogarlos en una sartén ancha.

Cuando estén pochados, le incorporamos el beicon troceado muy menudito y le damos unas vueltas. Por otro lado, los garbanzos podemos cocerlos en agua con sal o utilizar los de bote que vienen en remojo ya cocidos, que es más cómodo para esta receta. Una vez que tengamos los garbanzos cocidos, los trituramos muy finos con la batidora, los echamos en la sartén hechos puré además del requesón y le damos unas vueltas. En caso de no encontrar requesón una tarrina de queso de untar tipo Filadelfia también nos puede servir.

Con el relleno hecho, vamos a preparar el panqueque mezclando los huevos con 25 g. de mantequilla derretida, harina, leche y un poco de sal en el vaso de la batidora hasta que sean una crema fluida. Tras esto, engrasamos una sartén con una pizca de aceite y echamos un cazo de mezcla hasta que se cuaje de un lado. Damos la vuelta y doramos por el otro lado y reservamos. Repetimos la operación hasta acabar con la masa.

Una vez conseguidos el relleno y los panqueques, colocamos una cucharada del relleno que habíamos preparado en cada torta y las enrollamos doblándolas desde las puntas hacia dentro y enrollando.
Por último, disponemos todos los panqueques rellenos en una fuente de horno e introducir al mínimo para que se calienten mientras hacemos una salsa.
Crêpe Suzette (dulce)
Para la salsa no nos vamos a complicar mucho, calentamos vino blanco en una sartén hasta que reduzca junto al cebollino fresco trinchado y le incorporamos nata. Dejamos que cueza a fuego lento un momento mientras sacamos los panqueques del horno y cubrimos éstos con la salsa, además de espolvorear queso rallado encima. Volvemos a meter en el horno al máximo para que gratinen unos cinco minutos y listos para servir recién hechos. Realmente deliciosos.