Mostrando entradas con la etiqueta Sopas y guisos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sopas y guisos. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de enero de 2016

CALLOS A LA ANDALUZA

¿Puede ser una receta más española y andaluza que la de los Callos? ¿Y se puede ser más malagueño que unos Callos con garbanzos?
En un bar, romería, verbena, reunión familiar, Comunión preparada por la familia en un local alquilado, comida de hermandad en una cofradía o peña, o una ración de estos en la Feria para compartir entre cuatro…; lo de los Callos es como la historia de la receta que está siempre presente en nuestro día a día a lo largo de nuestras vidas pero sin llegar a ser reconocida como algo estrella, pues no la pondríamos en un menú de bodas o de primero en una Nochevieja, pero que gusta a todos llegando incluso a hacer perder la cabeza cuando se la ponen delante a algunos y zumbarse dos platos en menos que canta un gallo usando más pan que cuchara, lo que lo hace alcanzar aún más la categoría de receta devocional comida casi como el que lleva a cabo un rito religioso.
                Los Callos en sí no son una receta cerrada pues en cada familia y en cada casa existe un procedimiento para cocinarlos tan bueno como cualquiera. Existe un amplio debate de cómo deben ser estos, si de cerdo o ternera o con garbanzos o sin ellos, pero lo cierto es que cada cual le da un toque especial que los hace únicos en cada esquina, bar o casa de familia donde se hagan. Personalmente me encantan de cerdo y son estos los que me hacen perder la cabeza cuando los tengo delante, sobre todo si la gelatina del guiso hace que se queden los labios pegados cuando los comes…, y a quienes gustan saben a lo
que me refiero. 
                 Con garbanzos o sin ellos es otro debate del que a mí nadie me quitará la idea  de que es con garbanzos como están muchísimos más buenos, sin desmerecer los que he probado en Zamora, de ternera y sin garbanzos y con mucho tomate, que son los únicos que no son de cerdo que me han gustado donde los he probado. Lo cierto es que los de ternera no consiguen enamorarme por ese tufillo que se mete en la nariz que no me gusta nada, será que a los andaluces nos puede el culto al cerdo y a sus hechuras…
Donde aprendí sin saberlo como se hacían unos Callos era en mi casa, allí mi madre y mi abuela los hacían justo con el toque que me gusta y que he intentado conseguir siempre que los hago procurando que sean un guiso potente con poco caldo y muy trabado en el que se trocea muy pequeñito toda la barra de menudillos de manera que al comerlos con cuchara sea todo lo elegante que te permite ser un guiso de estas características. Mi secreto en su cocción reside en añadir una ramita de canela al agua para que elimine todo olor desagradable que pudiese haber y dejando un toque acaramelado al gusto que resulta embriagador desde mi punto de vista. Los antiguos preparaban el fondo de verduras con manteca colorada en lugar de aceite de oliva, cosa que yo no hago pues creo que no lo necesita cuando de un guiso con abundantes ingredientes estamos hablando; otra cosa sería no tener chorizo, morcillas o poco menudillo, lo que haría factible engañar al paladar con trucos como el de la manteca colorada.

INGREDIENTES
500 grs. de callos de cerdo en barra, 2 botes de garbanzos en remojo, Chorizo fresco de Cártama y Morcilla de cebolla de Ronda 4 trozos de la ristra, 1 cebolla grande, cuatro dientes de ajo, un pimiento de asar, un tomate, 125 grs. de puré de tomate, comino molido una cucharadita, clavo dos piezas, una guindilla si nos gusta que pique, sal y pimienta, una rama de canela, aceite de oliva y agua

               
En primer lugar, vamos a preparar un fondo con el que cocinaremos los callos junto a los garbanzos. Para ello, cortaremos de cualquier manera la cebolla, dos dientes de ajo y el pimiento para fondearlos a fuego medio en la misma cacerola donde prepararemos el guiso o en una sartén aparte, añadiendo el tomate cuando esté todo pochado.
Mientras se pocha el fondo, tostamos en una sartén sin grasa media cucharadita de sal, un puñado generoso de pimenta negra, dos dientes de ajo y una cucharadita de comino molido. Cuando esté tostado el conjunto, lo añadimos a las verduras que estamos fondeando y añadimos el puré o la salsa de tomate que tenemos para que todo cueza a fuego lento durante unos minutos.
Tras esto, añadimos un poco de agua y dejamos cocer de nuevo para retirar cuando rompa el hervor del fuego y batir con la batidora hasta que se triture todo muy fino.
Cuando obtengamos la base del guiso con las verduras, las especias tostadas y el puré de tomate ligados en un caldo no demasiado líquido, incorporamos los callos picados muy menuditos con ayuda del cuchillo sobre la tabla de corte y le añadimos un trozo de canela en rama, que aportará aroma y estilo propio al plato. Debemos cuidar que los callos están sobradamente cubiertos de agua para que puedan hervir perfectamente, por lo que se añadirá agua si fuese preciso.
Pasados diez minutos de hervor incorporamos los garbanzos, escurridos y enjuagados cuidadosamente para que no suelten almidón en la olla. Mientras vuelve a romper el hervor, troceamos el chorizo y la morcilla para incorporarlos cuando estén listos y nos ayuden a aromatizar con la grasa que soltarán.
Debemos mantener un hervor suave durante 35 o 40 minutos aproximadamente sin dejar de remover de vez en cuando el conjunto. Si observamos que nos queda muy suelto, podemos quitar con un cazo agua hasta el punto que nos guste de ligado. De igual modo, las cantidades de chorizo, morcilla o garbanzos son relativas pues es a gusto del comensal el comer este plato con más o menos de una cosa. En mi casa, a los niños les gustan mucho más los garbanzos cocinados en los callos que los callos en sí, de manera que podemos usar mucha más cantidad de garbanzos y conseguiremos un guiso de estos más que unos callos de cerdo. Del mismo modo se puede actuar con los chorizos y las morcillas, incluso con la misma barra de callos con la que podemos jugar con la cantidad si los que preferimos son sólo su sabor o los menudillos en sí.
Para comerlos, permítanme recomendarles un tinto con mucho cuerpo como los que se embotellan en Ronda.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

LENTEJAS MARINERAS CON SALMON

               


                Jamás olvidaré la contestación que me daba mi abuela cuando le preguntaba qué había para comer y ese día tocaban Lentejas: "si las quieres bien, y si no las dejas", a lo que continuaba con la coletilla de mi madre:  "si las quieres bien y, si no, también"; esta última de manera mucho más tajante y sin dar lugar a la duda sobre que tenía que terminarme el plato cuando me lo pusiesen. 
            En relación a lo chocante que pueda parecer esta combinación de lentejas y salmón, si nos detenemos a pensar en que este es el pescado de los más grasos que existen, la cuestión no es tan descabellada. Además, el salmón es un todoterreno para la salud. Su grasa contiene cantidades interesantes de vitaminas liposolubles como las vitaminas A y D, las cuales favorecen la resistencia frente a las infecciones y fortalecen el sistema nervioso. También es buena fuente de magnesio y
yodo, que regulan el funcionamiento del intestino, y numerosas funciones metabólicas gracias al aporte del ácido Omega3. En esta receta, la carne firme y rosácea del pescado contrasta con los aromas del azafrán y la acidez del vinagre, proporcionando una combinación clásica pero inteligente. La digestión de este plato es, además, especialmente ligera en contraste a la versión tradicional de chorizo y morcilla. Así que os lo recomiendo si pensáis pegaros una buena siesta después de comer, si es que los horarios y las prisas os lo permiten.

INGREDIENTES
                                                             
    ½ kg de lentejas                                                1 Cebolla
    3 Dientes de ajo                                                 aceite de oliva
    Laurel, una hoja                                                Sal y Pimienta
    Agua                                                                    2 Yemas de huevo
    Pan frito en rebanadas                                      1 tomate
    1 Pimiento verde                                                Harina
     Pimentón de la Vera                                          Comino molido
     1 cabeza de ajo asada                                        1 patata grande
     Un clavo de especia                                          Vinagre de Jerez
     1/4 kg. de Almejas de Málaga                        2 Lomos gruesos de Salmón 
            
            Lo primero que vamos a plantear es una olla en el fuego con la cebolla pelada, la hoja de laurel, el pimiento verde, el tomate maduro y la cabeza de ajo asada.
         
   Cuando esté todo bien cocido, lo sacamos de la olla y lo trituramos con un poco del mismo agua para que deslíe mejor. Tras esto, incorporamos lo triturado pasado por un colador chino y las lentejas. Cuando a las lentejas les falte poco para estar cocidas y en su punto, añadimos la patata pelada a
cascos, las almejas y los lomos de salmón troceados para que se hagan en el guiso, además le vamos a sumar un refrito que consistirá en sofreír con un poco de aceite de oliva una cucharada pequeña de harina, pimentón de la Vera, los dientes de ajo, el clavo y el comino molido. Cuidando de que no se tueste la harina, trituramos también el sofrito y se lo incorporamos a las lentejas para que le de color y consistencia por la acción de la harina.

          
  Cuando vayamos a servir, batimos las yemas de huevo con un chorro de vinagre de jerez y las mezclamos en el guiso hasta que cuajen, rectificando de sal y pimienta en el último momento. Finalmente, freímos rebanadas delgadas de pan y las ponemos sobre el plato, por los bordes, para que sirvan de acompañamiento.

jueves, 19 de febrero de 2015

SOPAS DE AJO Y VARIANTES

            
Esta, es una etapa de transición en el año, aunque será más corta que otras veces, puesto que la cuaresma nos meterá en la Semana Mayor casi sin darnos cuenta.  De todas maneras, la cuesta de Febrero no nos la quita nadie; es por ello que les presento hoy un plato que es apropiado para el momento que vivimos donde el frío nos cala todo el cuerpo, incluidas nuestras carteras. Es por ello que les propongo una receta nuestra, sabrosa, calórica y económica…ustedes me entenderán perfectamente.

INGREDIENTES
(Para 6 personas)
12 rebanadas de pan de miga                                 3 dientes de ajo
1 lt de caldo, en su defecto agua                             aceite de oliva
Jamón serrano                                                         6 huevos
Pimentón de la Vera
         
   En primer lugar, vamos a cortar el pan en rebanadas muy finas. Luego, tras haber dispuestos los ajos en remojo para que se pelen con más facilidad, los cortamos en láminas. Tras esto, calentamos el aceite de oliva en una cazuela de barro a fuego moderado y sofreímos éstos sin llegar a dorarlos demasiado para que no amarguen. Reservamos, retirando los ajos con una espumadera en un platito, para incorporar al final del guiso.
                En este mismo aceite, vamos a saltear un poco el pan en rebanadas de manera que se dore también un poco y tome el aroma del ajo previamente pochado. Antes de que se peguen a la cazuela, cubrimos con el caldo de ave, o en su defecto con agua, sazonamos convenientemente y esperamos el hervor para echar un huevo sobre el conjunto para que cuaje.
               
Cuando el huevo esté en su punto, incorporamos los dientes de ajo laminados que previamente habíamos rehogado, el jamón serrano cortado en virutas y espolvoreamos con pimentón de la Vera, apartamos del fuego enseguida para que no se queme el pimentón y amargue en consecuencia, y servimos en mesa. 
                Hasta aquí, las sopas de ajo tal y como las preparo yo para mi, pero existen un sin fin de variantes para esta combinación que sería casi imposible relatar por lo extenso de ello. Pero más o menos, podemos reseñar algunos modos, cambiando o añadiendo elementos simples como el agua o el caldo de ave o de verduras, o bien poniendo chorizo en lugar del jamón o ambas cosas.
               
No obstante, en el capitulo de variantes de las sopas de ajo, en Málaga tenemos una propia que no podemos pasar por alto como son los Maimones. A su vez, estos Maimones tienen también su propia gama dependiendo de si le ponemos tomates o no. En si, no dista mucho de las Sopas de ajo, a diferencia de que el agua que usamos debe reducirse en su totalidad y ligarse con el pan para crear una pasta homogénea donde el huevo se bate una vez haya cuajado para estrellarlo con el conjunto. Si le queremos poner tomates, hemos de incorporarlos después de rehogar los ajos para que se frían en el aceite y posteriormente proceder como en las Sopas de Ajo.
               
Por último, les quiero hablar de las Sopas de Ajo a la Andaluza, las cuales respetan la base de la receta de la que estamos hablando e incorporan, en diferencia, trozos de coliflor y de brécol cocidos, y exclusivamente el agua de ésta cocción para la elaboración del plato. En cuanto a sazonarlo, se le añade además de la sal y el pimentón, comino molido. También, al igual que para los Maimones, el huevo se bate.
                En definitiva, en cualquiera de sus vertientes es un plato exquisito para la fecha en la que nos encontramos, espero que sea de su agrado y que lo acompañen con un vasito de buen vino tinto. Buen provecho.




jueves, 15 de mayo de 2014

GAZPACHO DE MANZANA

GAZPACHO DE MANZANA

Voy a proponerles una variante de nuestra sopa por antonomasia como es el Gazpacho. En el Gazpacho, se reúnen en un conjunto equilibrado, un resumen de todo lo que da nuestra tierra andaluza: pan, aceite y vinagre. Todo esto, nos va servir de soporte como fórmula magistral para, partiendo de ella, dar rienda suelta a nuestra imaginación, o a la nec
esidad según sea el caso, añadiendo verduras de nuestro gusto; para dar lugar a una gama de Gazpachos que existe repleta de matices, sabores y colores.
Tenemos el Gazpacho blanco cordobés, donde el protagonista es la manzana, el gazpacho común donde es el tomate el principal ingrediente junto a secundarios como el pimiento o la cebolla, así como el ajo; también está el zoque malagueño, que usa tomates, ajos, pimientos… y la cebolla ni la huele.
Con la misma técnica, tenemos el ajo blanco; tanto de almendras como de habas, con uvas o con melón, con manzanas o con pasas… ¿quién dijo que aquí no había cocina?
Les voy a contar una curiosidad; la palabra Gazpacho proviene del  prerromano “caspa”, cuya traducción es fragmento, residuo; y hace alusión a los trozos de pan y verduras crudos existentes tanto en su composición como en la guarnición.
Este plato ha evolucionado con el tiempo, enriqueciéndose con las culturas que en nuestra tierra han habitado. En algunos escritos antiguos, se hace mención de que las legiones romanas son las que comenzaron a mezclar el aceite con el vinagre y las verduras; y que fueron los árabes los que, con el perfeccionamiento del cultivo de la aceituna y su posterior refinamiento en aceite de oliva, le dieron el toque tan elegante y sabroso que tiene hoy en día.

                Para este Gazpacho, la guarnición perfecta son las uvas moscatel. Si no tenemos de estas uvas, también podemos usar manzanas en taquitos o melón acompañados de unas tiras de jamón serrano; en este caso vamos a poner la manzana dentro de la receta y le dará un toque especial y diferente, casi lo podíamos llamar elegante.
                La propuesta de esta semana es imaginativa, aunque no es demasiado arriesgada. Espero que les guste.
INGREDIENTES
                200 Grs. de Almendras                                                4 dientes de Ajo
                2,5 Kg. de Pan, asentado                                            Aceite de oliva
                Sal                                                                              Vinagre de jerez
                Zumo de manzana, 1,5 lt. Aprox.                                 Leche
                8 Manzanas Golden                                                     Jamón en taquitos

                Para pelar las almendras, pondremos agua a cocer y echaremos éstas para que cuezan unos tres minutos. Las pelamos unas vez refrescadas y las ponemos en el vaso de la batidora  junto a dos dientes de ajo también pelados. Con los ajos podremos rectificar, añadiendo más si lo necesitase, puesto que el ajo sólo debe perfumar la sopa y no predominar en ella; piensen siempre que cuando utilicen ajos en un preparado, siempre han de poner la mitad de lo que habían previsto ya que el ajo posee un gran poder de protagonismo allá donde lo pongamos.
              
  De manera que tenemos en el vaso de la batidora los ajos y las almendras, además uniremos pan del adía anterior remojado en leche para que se ablande y la leche que suelte el pan nos ayude a ligar la sopa. Sazonamos el conjunto y comenzamos a batir hasta conseguir una pasta, en este punto añadimos las manzanas sin piel y troceadas. Seguimos batiendo para que se una todo por igual; si usamos un poco de zumo de manzana conseguiremos que no sea demasiado difícil el trabajo. En cuanto que terminemos, pasamos por un colador chino para que nos quede fino. A la pasta resultante, vamos añadiendo aceite de oliva a hilo y batimos sin parar.
                En cuanto que espese el conjunto, añadimos un chorrito de vinagre de Jerez y sazonamos a gusto. Es conveniente poner zumo de manzana frío para que se aclare un poco la sopa y no esté demasiado untuosa, si ello no nos agrada.
                Como guarnición, podemos usar unos taquitos de jamón y trocitos de manzana, la combinación es fantástica. Además, podemos recurrir a las uvas de siempre si es esto lo que más nos gusta.
               
               



martes, 28 de mayo de 2013

SALMOREJO DE ESPARRAGOS TRIGUEROS

SALMOREJO DE ESPARRAGOS TRIGUEROS
La temporada de espárragos es de abril a junio y su cocina es una de las más fáciles y menos complicadas. Pero siempre hay cosas que hay que tener en cuenta para poder disfrutar de su peculiar sabor y textura. En primer lugar, hay que conocer las distintas clases : trigueros, verdes, blancos. Cada uno tiene sus características y su cocina.

Los trigueros son espárragos verdes que crecen en estado salvaje y son muy estimados por los buscadores. Los verdes son una variedad cultivada, cuando sus yemas se vuelven de color violeta resultan un poco más amargos, pero también más sabrosos. Los blancos crecen bajo tierra, preservados de la acción del sol. Cuando un espárrago blanco ve la luz del sol, se vuelve morado. El gusto no varía, pero se deprecia su valor. Los mejores espárragos son siempre los que tienen la yema muy cerrada.
Los trigueros suelen ser bastante finos y siempre se fríen o se presentan en tortillas o revueltos. Los verdes se cuecen. Si no muy gruesos, se pueden hacer a la plancha y agradecen que se sirvan con sal gorda. Los blancos siempre hay que cocerlos, aunque previamente hay que pelar con mucho cuidado el tallo.
En la Roma antigua se decía : "velocius quam asparagi coquantur", (cocer más rápido que los espárragos). A pesar de los siglos transcurridos, seguimos teniendo la mala costumbre de alargar las cocciones. En la cocina actual, las cocciones breves se imponen. No es una cuestión de moda. Las materias primas se cuidan y un espárrago de calidad y tierno se hace en poco tiempo. Los tiempos de cocción varían según la calidad del espárrago y su grosor, pero podemos hablar de un tiempo entre 12 a 20 minutos.
Si alargamos la cocción, la textura fibrosa del espárrago, que es una de sus características gustativas más valoradas, se pierde. En cuanto al sabor, -muy potente en el espárrago-, lo mismo: se va a diluir al quedarse en el agua. No tire el caldo sobrante, es una estupenda base para arroces, sopas o cremas. Una vez cocidos, se escurren, se colocan en una fuente y se tapan con un trapo limpio. Se sirven tibios.
 
INGREDIENTES
1 KILO DE ESPÁRRAGOS TRIGUEROS
200 GRS. DE ESPÁRRAGOS BLANCOS
4 HUEVOS COCIDOS
SAL Y PIMIENTA
ACEITE DE OLIVA Y VINAGRE
PAN ASENTADO
 
 
Partimos de unos espárragos trigueros cocidos, valen los de lata, que los trituraremos junto a los espárragos blancos hasta que sean una pasta.
Colamos por el chino cuidadosamente e incorporamos pan troceado que iremos triturando para obtener una masa homogénea y untuosa.
Tras esta operación, sólo queda añadir aceite de oliva a hilo para hacer una emulsión completa hasta conseguir una crema fina, que debemos rectificar con sal y vinagre de Jerez reserva

Cuando esté conseguida la textura de salmorejo cremosa, incorporamos los huevos cocidos troceados y batimos hasta que se absorba por completo por el preparado


Sólo nos queda rectificar de sal y vinagre de Jerez, así como añadir uno o dos dientes de ajo si nos gusta su sabor.
Para la presentación, les recomiendo unas lasquitas de melba en aceite o atún en su defecto, junto a unas rodajas o cuartos de huevo cocido, unos tomatitos cherry y una filigrana de aceite de albahaca.
Fácil y muy elegante




 
 


sábado, 2 de marzo de 2013

SOPA VIÑA AB


SOPA VIÑA AB
"Gazpachuelo… comida de duelo,
nos devuelve el consuelo,
… y nos pone los pies en el suelo."
           
Cuanto, y que bueno, se podría escribir sobre este plato, y con que variedad; tanta variedad… como familias viven en Málaga. La historia de esta receta es la historia de un cajón de sastre donde todo vale si se mantiene el espíritu de su proceder.
                Efectivamente, aquí sí que no sirven recetas para dictar al pie de la letra, sino que la inspiración, la necesidad, o lo que el día nos obligue, serán los que elaboren este guiso junto a  sus ingredientes. Por supuesto, tenemos una base que hay que seguir que es el Gazpachuelo pero, en este plato, siempre hemos puesto lo que teníamos a mano; unas almejas, unas gambitas, una merluza…, o sólo agua con mucho limón y unas claras de huevo rotas en el agua hirviendo; que estaban de miedo. Con la receta del Gazpachuelo hemos solucionado necesidades y compromisos que se presentaban de improvisto o carencias económicas que siempre las ha habido y que casi creíamos olvidadas.
                En esta ocasión nos quedaremos con una variante del Gazpachuelo, la Sopa Viña AB, donde usaremos pimientos morrones y guisantes, así como el pescado, la almeja  y la nota característica de esta sopa, el vino Viña AB o, en su defecto un amontillado, que perfumará infinitamente nuestros paladares. Precisamente es este vino el que le da el nombre a la receta pues es la nota que lo diferencia además de la riqueza en los ingredientes, comvirtiéndola en una versión lujosa del humilde Gazpachuelo. 
El origen de esta receta es nebuloso, pero la tradición apunta a un restaurante señero en la Málaga de los sesenta-setenta, Restaurante La Alegría, en el que en pleno centro de Málaga se añadió ingredientes ricos del tipo gambas de la zona, rape, arroz, jamón serrano...etc, y se perfumó con este vino que tan de moda estaba por aquella época, cuestión que pretendía justificar el precio elevado que se pagaba por un plato tan popular y tan a mano en el común día a día de los malagueños y cuya obligación en un establecimiento profesional era ofrecer algo más al cliente.    
Espero que les guste. Buen provecho.
INGREDIENTES
Agua, 2  Ltrs.,  Tres o cuatro limones,  Merluza, una colita o un medallón., ¼ kg. de Almejas,            Guisantes de lata., Pimientos morrones de lata., Tres claras de huevo, Sal, ¼ kg. de gambitas de Málaga, Una patata grande.  
Para la mahonesa:
Dos huevos, Sal, Vinagre, Aceite de Oliva.
            En primer lugar, vamos a elaborar una mahonesa colocando en el vaso de la batidora  los huevos y un chorrito de vinagre.
Batimos todo y le vamos incorporando poco a poco el aceite de oliva sin dejar de batir hasta que monte la mahonesa. Rectificamos de sal.
                Por otro lado, pondremos a hervir unos dos litros de agua con sal y echaremos las almejas hasta que se abran, una vez abiertas, apartaremos y pelaremos desechando las cáscaras.
                En esta misma agua, pondremos también las gambitas a cocer y apartaremos peladas para incorporar al final.
                Con la merluza actuaremos del mismo modo, dejando cocer a fuego fuerte y apartando para desmenuzarla cuidadosamente. De esta forma hemos obtenido un caldo de pescado muy sabroso donde, ahora sí, pondremos la patata pelada a casquitos y los guisantes. Cuando las patatas estén tiernas, añadiremos los pimientos morrones troceados lo más pequeños que podamos y el zumo de los limones. El limón nos va a dar un contrapunto muy sabroso al guiso, y la cantidad será preceptiva de cómo nos guste el toque de acidez que nos ofrece, por tanto, iremos agregando zumo conforme nos vaya pidiendo el caldo, así como rectificaremos de sal en este momento.
                Por último, añadiremos las claras de los huevos moviendo enérgicamente para que cuajen por todo el caldo.
                Para montar el plato, pondremos un buena cantidad de mahonesa en el fondo de la sopera junto al vino disuelto en ella, e iremos añadiendo con un cazo o un cucharón muy poco a poco, prácticamente a hilo, el caldo sin dejar de batir ayudándonos con una varilla. De esta forma, la mahonesa no se nos cortará, puesto que va a ir acostumbrándose al calor del caldo paulatinamente, y lo aceptará sin sufrir ningún cambio brusco, que es lo que hace que la mahonesa se nos corte.
                Una vez obtenido un caldo ligado y cremoso, jugando con las cantidades de mahonesa y caldo para conseguir la textura que más nos guste, añadiremos el fondo del caldo con las patatas, los guisantes, los pimientos, las claras de huevo, las gambitas peladas, la merluza limpia y desmenuzada, y las almejas sin conchas.
                Servir en plato hondo sopero, y tener previsto unos limones troceados para que así cada comensal pueda terminar el toque de limón a su plato como más guste.
                Permítanme recomendarles un vino blanco seco de tierras de Mollina muy fresquito o un amontillado con cuerpo para acompañar este plato. Buen provecho.

domingo, 17 de febrero de 2013

SOPA DE TRIGUEROS Y HUEVO ESCALFADO


SOPA DE TRIGUEROS Y HUEVO ESCALFADO
Como todo llega en esta vida, la época de Cuaresma nos ha alcanzado un año más y desde esta tribuna vamos a intenta desgranar  recetas que tengan que ver con este contexto. La Semana Santa está unida a las torrijas y la Pascua a las monas, desde el punto de vista gastronómico. Si quisiésemos unir los acontecimientos de los últimos días, la lluvia, con algún elemento representativo, estos serían sin duda alguna los espárragos. Cada vez que llueve escampa y nada más ocurrir esto, son muchos los malagueños a los que encanta echarse al campo a dar un paseo y buscar espárragos.
                Seamos sinceros, si un marido decide el Domingo por la mañana marcharse a buscar espárragos, en lugar de enfadarse su esposa debería alegrarse. ¿Porqué digo esto?, pues si necesitamos ahora un vegetal ese es el espárrago y la razón es bien sencilla. El espárrago tiene una sustancia llamada aspargínico que estimula la diuresis, o sea que ayuda a ir al baño, y eso es precisamente lo que necesitamos en estas fechas para eliminar los excesos de torrijas, potajes, buñuelos, monas de pascua…etc. que nos vamos a meter en Semana Santa.
                La sopa de espárragos que vamos a hacer esta semana, es un plato muy ligero, digestivo y con muy pocas calorías, por tanto es justo lo que buscamos. Para el plato en cuestión, usaremos espárragos trigueros, que son los más ricos y recomendados para las sopas, tortillas, revueltos y cremas. Además de éstos, tenemos dos variedades más como son el verde y el blanco. Con los verdes podemos preparar una plancha y asarlos en ella, presentándolos en el plato con un chorrito de aceite de oliva y sal gorda. Para los blancos el recetario es más extenso, pues sirven de forma extraordinaria como guarnición, solos con mayonesa o bien en ensalada donde adquieren gran protagonismo.  Los vascos preparan una salsa realmente exquisita llamada koskera, que acompaña a la merluza habitualmente y que tiene una base de salsa verde junto a huevos cocidos y espárragos blancos.
                En la Roma antigua se decía: "velocius quam asparagi coquantur", que venía a significar más o menos “cocer más rápido que los espárragos”. Si alargamos la cocción, la textura fibrosa del espárrago, que es una de sus características gustativas más valoradas, se pierde; y en cuanto al sabor, muy potente en el espárrago, se va a diluir al quedarse en el agua. Por cierto, no tire el caldo sobrante, es una estupenda base para arroces, sopas o cremas.
            Un saludo.
 
INGREDIENTES

½ k. de espárragos trigueros, 4 dientes de ajo, 4 huevos, Pimentón dulce,  Aceite de oliva, Sal, Agua, 1 ½ l. , Pan rallado, Caldo de carne, un cubito
               
En primer lugar, vamos a limpiar concienzudamente los espárragos. Tras esto, los cocemos en abundante agua con sal procurando que nos queden en poco enteros, pues deben hervir en caldo posteriormente. Cuando estén cocidos, partimos las puntas y las reservamos.
                Pelamos los dientes de ajo y los laminamos. Disponemos una cazuela con aceite de oliva donde rehogaremos los ajos cortados en láminas hasta que doren, momento en que añadimos las puntas de los espárragos, una cucharadita del pimentón, otra cucharada de pan rallado para que la sopa ligue, un cubito de caldo de carne, el agua y un chorrito de vinagre. Removemos el conjunto y dejamos que rompa a hervir, momento en que apartamos del fuego y servimos en platos individuales de horno o cazuelas de barro donde romperemos un huevo encima e introduciremos en el horno a temperatura fuerte, justo lo necesario para que el huevo cuaje. Es conveniente servir recién hecho.

 

sábado, 14 de enero de 2012

MENESTRA A LA RONDEÑA

MENESTRA RONDEÑA
La venta de verduras se ha disparado desde que la Navidad ha terminado. Esa ha sido la noticia que mas me llamó la atención la semana pasada, aunque imagino que la venta de verduras habrá sido equiparable a la venta de ropa deportiva, pues la pérdida de grasa no se consigue sólo con comer verduras…por tanto, imagino que las colas para comprar en la verdulería son igualables a las que hay para matricularse en los gimnasios. Me temo que los recintos deportivos modernos son como los antiguos purgatorios donde se expiaban los pecados de toda naturaleza, siendo en nuestro caso pecados de gula los que debemos purgar. No obstante, tampoco debemos ser mas papistas que el Papa y renunciar a lo que nuestro trabajo y el de nuestros antepasados nos ha legado, la riqueza gastronómica y el bienestar social, fruto exclusivamente del trabajo y sólo del trabajo de cada uno de nosotros, cuestión que tiene por contrapartida algún que otro michelín, bienvenidos sean.
                Todo esto viene a colación de una conversación que tuve hace poco con un amigo entrado en años que me decía que en los sesenta cuando alguien te veía y te decía que estabas más gordo era un halago difícil de devolver que te llenaba de alegría y tranquilidad. Al contrario, hoy día poco más o menos que nos atraviesan con un puñal si alguien se le ocurre decirnos tal cosa. Parece broma pero es así.
                Siguiendo con el tema de las dietas, debemos reconocer que, en general, son difíciles de seguir. Seamos sinceros, ¿quién lleva a rajatabla las indicaciones, proporciones y medidas que marca una dieta?; en las revistas las tenemos a cientos, las amigas, las primas, las vecinas y las hermanas se pasan entre sí regímenes que le han dicho que a la amiga de la vecina de su amiga le fue bien… ¡cualquiera sabe! Pongamos como ejemplo la dieta de la alcachofa, la de la manzana, la de todo el día a piña, la de la herboristería…y un largo etcétera que convertirían esta colaboración en un tratado a caballo entre prensa científica y prensa rosa, pues si una dieta está entre los horóscopos y un test para saber si tu novio es fiel, ¿cómo lo podríamos  tomar en serio?
                Por otro lado está quien usa en serio los consejos de un médico y se come todas las lechugas con rosada plancha del mercado pero, a la hora de la merienda, le entra ansiedad y acaba con los mantecados que sobraron  las pasadas navidades.
                Para este tipo de personas, que quieren pero que les cuesta y que sólo se engañan a sí mismos, porque al estómago no lo hacen, les propongo una receta que contiene un surtido de verduras y un pecado para que les sea mas leve, la morcilla de cebolla de Ronda. La verdura la vamos a preparar conformando una menestra, término tan curioso como denostado debido a su uso congelado, que no es mas que un subproducto muy socorrido y económico para salir del paso, pero que no hace justicia al plato en su versión original. Como decía, menestra es un término curioso, pues es latino de raíz y deriva del italiano “minestra”, que significa “servir en mesa”.
                En nuestra receta de esta semana, es la morcilla la que identifica la procedencia del plato. Su elaboración es muy sencillita, además si tenemos tiempo, es conveniente hervir los ingredientes por separado pues cada uno tiene su propio punto de cocción y éste es el secreto de toda buena menestra.         

INGREDIENTES

 Aceite de oliva,1 Cebolla,  1 Morcilla de Ronda, ½ litro de caldo, ¼ ltr. salsa de tomate, 500 grs. De habas, 500 grs. De guisantes, 3 o 4 alcachofas grandes
                En primer lugar vamos a limpiar las alcachofas de las hojas duras que tenga y las dispondremos a cocer en agua con sal. Por otro lado, desgranaremos los guisantes y los coceremos igualmente, así como sacaremos de las vainas las habas y haremos lo propio en otra agua. Una vez que estén los ingredientes cocidos los escurriremos de su agua y los reservamos.

                En una sartén antiadherente, prepararemos aceite de oliva a calentar  y echaremos la cebolla cortada lo mas finamente que podamos y troceada muy pequeña. En cuanto que esté pochada le añadimos la salsa de tomate y mojamos con el caldo hasta que reduzca un tercio de su volumen, momento en que echamos las verduras y dejamos hervir un poco más.
                Seguidamente, tras haber calentado las verduras en el preparado, cortamos en rodajas la morcilla y la ponemos en la sartén sobre el  guiso, dándole unas vueltas para que suelte sabor durante unos cinco minutos. Es recomendable servir enseguida, además de acompañarla de unos triángulos de pan tostado que le vienen muy bien.

sábado, 31 de diciembre de 2011

LENTEJAS DE AÑO NUEVO

LENTEJAS DE AÑO NUEVO
            La cena de la noche de fin de año, Noche Vieja, es una tradición que no fue siempre como hoy en día la conocemos, sino que ha ido transformándose con el paso del tiempo y de las costumbres. Es por ello que, tenga tantas maneras de celebrarse dependiendo de la época y del lugar del mundo en donde nos encontremos.

                Debemos remontarnos a los inicios del Imperio Romano para encontrar el principio de nuestra tradición, siendo el dios Janus poseedor de dos caras en su cabeza, una barbuda y vieja y otra joven, el que miraba hacia delante y hacia atrás. Con esta alegoría que miraba al año que se iba y al que venía, los romanos invitaban a sus amigos a comer y se intercambiaban miel con dátiles e higos para pasase el sabor de las cosas y que el año que empezaba fuese dulce. Esta costumbre fue extendiéndose a toda Europa como se extendió el imperio; donde con la misma finalidad venturosa se ofrecieron lentejas, de las que se decía que propiciaban la prosperidad económica de quien las comía.

                Es en la actualidad la cena de Nochevieja una cena de amistades y jolgorio, al contrario de la de Nochebuena que es familiar, y en la que se busca recibir el nuevo año con la mejor de las sonrisas o con nuestro mas sentido llanto de alegría, puesto que son sentimientos tan opuestos que casi se tocan.
                La tradición de las lentejas sigue vigente hoy en la cuna de la civilización romana, Italia, donde comen éstas en lugar de nuestras uvas. Nosotros hemos trasladado su consumo al primer almuerzo del año, buscando la prosperidad antes citada. Cada vez es más común esta tradición, es por ello que lejos de proponerles una receta de altos vuelos para la cena de Nochevieja, prefiero sugerirles el almuerzo del día siguiente, y espero que les surta efecto.

                Sólo me queda desearles de todo corazón un feliz Año Nuevo, en compañía de los seres más queridos y, como decía mi abuela, que por lo menos nos quedemos como estamos…

 INGREDIENTES

½ kg de lentejas, 1 Cebolla, 3 Dientes de ajo,  aceite de oliva, Laurel, una hoja, Sal y Pimienta
Agua, 2 Yemas de huevo, Pan frito en rebanadas, 1 tomate, 1 Pimiento verde, Harina,
Pimentón de la Vera, Comino molido, 1 cabeza de ajo asada, 1 patata grande, Un clavo de             
especia, Vinagre de Jerez



            Lo primero que vamos a plantear es una olla en el fuego con la cebolla pelada, la hoja de laurel, el pimiento verde, el tomate maduro y la cabeza de ajo asada.

            Cuando esté todo bien cocido, lo sacamos de la olla y lo trituramos con un poco del mismo agua para que deslíe mejor. Tras esto, incorporamos lo triturado pasado por un colador chino y las lentejas. Cuando a las lentejas les falte poco para estar cocidas y en su punto, añadimos la patata pelada a cascos para que se haga en el guiso, además le vamos a sumar un refrito que consistirá en sofreír con un poco de aceite de oliva una cucharada pequeña de harina, pimentón de la Vera, los dientes de ajo, el clavo y el comino molido. Cuidando de que no se tueste la harina, trituramos también el sofrito y se lo incorporamos a las lentejas para que le de color y consistencia por la acción de la harina.
            Cuando vayamos a servir, batimos las yemas de huevo con un chorro de vinagre de jerez y las mezclamos en el guiso hasta que cuajen, rectificando de sal y pimienta en el último momento. Finalmente, freímos rebanadas delgadas de pan y las ponemos sobre el plato, por los bordes, para que sirvan de acompañamiento.

            Buen provecho y Próspero Año Nuevo.