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lunes, 7 de septiembre de 2015

MEJILLONES A LA MARINERA



Se acerca el invierno y con él se acaba el enseñar nuestros cuerpos serranos. Por tanto, podemos permitirnos el lujo de recuperar deportes tan nobles como el de mojar pan en salsas sin reparo ni dar cuenta públicamente. De manera que nada mejor que cocinar unos sencillos Mejillones a la Marinera como se hacen en casa desde hace tiempo y que tanto gustan a mi entregado público.

Esta receta es un cajón de sastre donde encontramos mil y una versiones, todas válidas y sabrosas. Su nombre le viene no de acompañar a pescado y mariscos, si no de salir de las cocinas de los barcos napolitanos en el siglo XVI como método de tener salsa sabrosa que no se estropease con facilidad en una época donde no existían frigoríficos.
                Espero que acaben como yo, querido en casa cuando cocino este plato.
                Un saludo

INGREDIENTES
600g. de mejillones, pimentón ahumado de La Vera, 1 hoja de laurel, sal y pimienta, aceite de oliva, puré de tomate, 2 cebollas, 2 pimientos de freír, dos cucharaditas de azúcar, 5dientes de ajo, un chorrito de Pernod, una cucharadita de harina, hojas de albahaca fresca.

              
  
               En primer lugar, salteamos tres dientes de ajo, cebolla y pimientos. Cuando estén pochados añadimos la harina y el pimentón y cocinamos para que absorba el exceso de aceite de oliva. Incorporamos el tomate triturado junto a dos cucharaditas de azúcar y dejamos cocer unos minutos antes de triturar con una batidora. Una vez terminado este proceso, reservamos la salsa de tomate para añadir finalmente a los mejillones.

                En una cazuela ancha y baja de la que tengamos la tapadera, colocamos dos dientes de ajo que nos quedan, sin pelar y machacados con el canto del cuchillo, y la hoja de laurel a fuego fuerte sin grasa alguna. Cuando tenga temperatura incorporamos los mejillones y sazonamos, tapando unos minutos.

               

               Una vez observemos que empieza a salir agua de los mejillones porque inicia el proceso de cocción, rociamos con un chorrito de Pernod y dejamos que reduzca. Añadimos la salsa de tomate que teníamos reservada y dejamos que se terminen de abrir los mejillones en la salsa, mezclándose así aromas y sabores.


                Para decorar perfumando, trinchamos unas hojas de albahaca fresca sobre la fuente de mejillones y para alucinar mojándolos, podemos preparar unos costrones de pan tostándolos en una sartén junto a orégano y tomillo sin aceite alguno. Añadiendo pimentón ahumado cuando estén listos.

viernes, 5 de diciembre de 2014

CALAMARES A LA MALAGUEÑA

CALAMARES A LA MALAGUEÑA

            Seguro que en alguna ocasión, habrán escuchado aquello de  “me quedé blanco de la impresión”, cuando nos llevamos un gran susto. En el reino del mar hay un pez que le pasa lo mismo cuando lo pescan y pasa de tener un bonito color rosáceo a un blanco mortecino nada mas sacarlo del agua con una red. Este sujeto es el calamar.
            Su nombre científico es Lloligo vulgaris, y tiene como los pulpos ocho patas prensiles, pero éste cuenta con dos tentáculos retráctiles con lo que captura sus presas y se ayuda, además, para ligar con las hembras de su especie abrazándolas, mas o menos como hacemos nosotros cuando nos dejan. Como particularidad curiosa, podemos resaltar que el calamar es capaz de volar gracias a dos aletas que le permiten planear en
cierta forma fuera del agua. Los marinos antiguos, presagiaban tempestades cuando este fenómeno, que no se producía siempre, se daba lugar.
             Los calamares son diferentes a sus primos los pulpos y las sepias, éstos viajan de noche cuando hay luna llena y nunca se posan en el fondo marino, gustándole las aguas profundas por el contrario.
           
A los calamares los podemos entronar como uno de los aperitivos indispensables de nuestra cocina, bien en su tinta, rellenos o fritos en rodajas son insuperables. Estos últimos, los fritos, creo que no hay  chiringuito o venta en Málaga que no los tenga en su carta, pues es un plato con el que agradar fácilmente a los niños si le ponemos un poco de mayonesa. Como consejo, puedo decirles que si los cocemos un poco antes de freírlos, nos resultarán tan blandos que se derretirán en la boca.
                Aunque es un plato tan familiar como lo que estamos contando, pocos podrían explicar el origen de su nombre, pues es en Italia donde se le bautiza debido a su bolsa de tinta ya que en el idioma trasalpino se le llama calamaro al tintero o al lugar donde se moja la pluma o cálamo.  
            
INGREDIENTES

¾ Kg. De calamares             2 Cebollas                  4 Dientes de ajo
Miga de pan                          4 o 5 pimientos verdes
¼ Kg. de tomates                  perejil fresco             Pimienta
Pimentón dulce                     Aceite de oliva           Sal

           
El tamaño de los calamares que hemos de escoger debe ser uniforme y no demasiado grande, pues para nuestra receta son los más sabrosos. A éstos le quitamos las cabezas y las patas reservándolas, los limpiamos cuidadosamente por dentro y los dejamos desprovistos  de toda bolsa de tinta, que guardaremos, o caparazón que tengan.
            En cuanto hayamos hecho la operación de limpieza, trinchamos la cebolla muy menudita y la rehogamos en una sartén con abundante aceite de oliva, junto a los dientes de ajo, los pimientos cortados a tiras  y el tomate maduro. Mientras éste refrito se rehoga, troceamos las cabezas y patas de los calamares, pues nos servirán para rellenarlos. Es conveniente que los cerremos con ayuda de un mondadientes antes de  disponerlos en la cazuela o sartén junto al sofrito, para que cuezan a fuego lento hasta que la verdura se haga sin riesgo de que se abran.
           
Una vez cocinado el conjunto, apartamos los calamares a una cazuela de barro para que conserven el calor y pasamos la salsa de las verduras junto a la tinta que habíamos guardado con un poco de miga de pan, el perejil fresco y una cucharadita de agua para que nos ayude a desleírse. En cuanto hagamos este paso, incorporamos la salsa a la cazuela y le damos un ligero hervor a los calamares, rectificándolos de sal y pimienta.

          
  La guarnición por excelencia de este plato es arroz cocido en blanco, al que regaremos con un chorrito de la salsa cuando lo presentemos en el plato con ayuda de un molde de flan. Nos quedará un plato muy resultón a la vez de sencillo y económico.

martes, 17 de diciembre de 2013

CEVICHE DE LUBINA, FRUTOS ROJOS Y CAVIAR DE LIMA SOBRE TORRIJA DE AJO BLANCO Y TIERRA DE MOLLINA

             
   La historia de esta receta es algo singular. Como cada año, desde que dirijo el departamento de hostelería del Hospital CHIP de Málaga, tengo el privilegio de organizar y diseñar el maridaje para una cata de vinos magistral que se celebra anualmente en los salones del complejo hospitalario. Con este evento, la dirección del centro pretende homenajear en Navidad a todos los profesionales que colaborar y trabajan con nosotros durante todo el año de un modo u otro, con una alternativa a la tradicional cena de empresa pues en el acto se escoge una selección de vinos con denominación de origen Málaga y se catan con el magisterio del afamado enólogo malagueño Jesús García Gallego.               
La organización de este evento es un trabajo que ocupa casi dos meses, desde que un día se presenta el enólogo con los vinos escogidos hasta que se celebra el evento. Mi trabajo consiste en probar el vino, lo más agradable del mismo y lo que menos esfuerzo conlleva, e idear un maridaje que sirva de ensamblaje con las cualidades organolépticas de cada caldo, casi nada. En esta ocasión, el hilo conductor que servía de guión de la cata era la cocina de ida y vuelta que se presenta a modo de esos platos y recetas que viajaron con los españoles, malagueños y andaluces en general, en distintos momentos de la historia y que allá donde hubiesen ido se adoptaran por las personas del lugar alcanzando la categoría de plato tradicional.
Un ejemplo de todo esto que les hablo es el Ceviche. En este plato, sencillo en su concepto y complejo en su ejecución pues es el punto exacto de marinado su secreto, encontramos señas de identidad de Málaga donde los Boquerones en vinagre, o al natural como por aquí se dice, también curte el pescado en crudo utilizando un medio ácido como el vinagre a diferencia del Ceviche que usa el zumo de
lima y limón. La cuestión estaba en cómo podía unir esta receta con una seña de identidad malagueña inconfundible y se me ocurrió que el Ajo blanco era ideal para ello, aunque en sopa iba a diluir el carácter del Ceviche anulándolo por lo que tras muchos, muchos, muchos intentos conseguí elaborar una Torrija de
Ajo blanco usando la técnica de la gelificación con Agar- Agar, que además me serviría de base para el marinado. Sólo quedaba terminar el plato añadiendo un toque crujiente con pan integral tostado a modo de homenaje a la tierra de Mollina donde se cultivó el vino que catábamos y acompañar el pescado con unos frutos rojos y un caviar de lima elaborado usando la técnica de la esferificación, pues la presencia de la lima es importantísima en el efecto final en boca que debe ofrecer el plato de Ceviche de Lubina.
En resumen,  este es el resultado de mi experiencia con este plato y la historia de cómo y porqué lo idee. Espero que les guste.

INGREDIENTES
Para el Ceviche: 1 lomos limpios de Lubina de aprox. unos 200 gramos, el zumo de tres limas y de un limón, sal, cilantro fresco, ½ cebolla morada.
Para la guarnición: 100g de zumo de lima, 90g de agua10 g de azúcar y 6g de agar agar , frutos rojos (arándanos, grosellas…etc.), virutas de corteza de lima
Para la Torrija de Ajo Blanco: 200 g de almendra pelada Marcona, agua y dos dientes de ajo, aceite de girasol, un sobre de Agar-Agar
                Limpiamos la lubina de piel y espinas y le sacamos los lomos, colocándolos en un bol. Maceraremos la lubina con el zumo de lima y limón durante unas dos o tres horas, el cilantro picado y la cebolla morada cortada en juliana fina. Escurrimos el preparado, rectificamos de sal y reservamos.
Para hacer el caviar de lima, usaremos 100g de zumo de lima, 90g de agua10 g de azúcar y 6g de agar- agar. Haremos la mezcla y con una pipeta o jeringuilla iremos tirando gotas en aceite de girasol muy frío. Después guardaremos el caviar en zumo de lima con agua y azúcar.
Para cocinar una torrija de Ajo Blanco, debemos triturar las almendras junto a los ajos pelados y un poco de agua para que quede una pasta suelta que ligaremos con aceite de girasol echado a  hilo. Rectificamos con sal y vinagre.
Tras esto, desleímos y llevamos a ebullición el agar del modo que nos indique el fabricante y lo añadimos al ajo blanco, dejando enfriar unas tres horas hasta que esté gelificado.

Para el montaje del plato, sólo nos queda triturar un poco de pan tostado integral o biscotes y colocarlo de lecho, sobre esto disponer la torrija de ajo blanco a modo de soporte del ceviche junto al caviar de lima, los frutos rojos y las virutas de lima

sábado, 28 de septiembre de 2013

VIEIRAS CON GULAS AL PIL-PIL

¡Feliz Año Nuevo!
                Pese a que esta frase exclamativa la regalamos a principios de Enero todos los años, aunque tengamos sobrevolándonos esta crisis, en mi opinión no es del todo correcta y me voy a intentar explicar. La Navidad es un parón vacacional en el que celebramos unas fiestas que son sólo un paréntesis en nuestro día a día y un dato estadístico en el nuevo calendario que colgaremos en la parte de atrás de la puerta de nuestra cocina; sin embargo en la época en la que estamos entrando empieza el nuevo curso escolar con sus correspondientes uniformes, profesores, mochilas, libros y compañeros nuevos, todo nuevo. El campeonato de liga de los principales deportes es ahora en Septiembre cuando empiezan, los adultos han acabado sus vacaciones y comienzan un nuevo año laboral mirando de reojo el puente de la Inmaculada, muchísimos de nosotros nos proponemos  aprender inglés o punto de cruz comprando un cursillo por fascículos, hacer deporte para bajar la barriga que han conseguido este verano con sus correspondientes tintos de verano y las señoras empiezan una nueva dieta cuyos nombres pasan desde hortalizas (alcachofa, piña, zanahoria…etc.) hasta los más inusuales nombres.
               
En resumen, el mes del año en el que empezamos de verdad un nuevo periodo dejando atrás vicios antiguos y deseando nuevas y bien intencionadas propuestas es el mes de Septiembre, sí señor. Por eso, aunque suene un poco raro les deseo ¡Feliz año nuevo!
                Para celebrar este acontecimiento, les voy a proponer cocinar un pil-pil con una variante muy sabrosa. Cuando hablamos de preparar un pil-pil, damos por hecho que va a ser de gambas sin dudarlo un instante pero, empleando la misma técnica del pil-pil, podemos emplear infinidad de
mariscos con resultados muy óptimos. En definitiva, como a nosotros lo que nos gusta son los deportes náuticos, es decir mojar pan haciendo barquitos en la salsa,  nos dará lo mismo que lleve gambas, vieiras, rape o gloria bendita que en el fondo lo que nosotros queremos es lo de los barquitos con sopones de pan.
                Espero que les guste. Un abrazo.
 
 
INGREDIENTES
4 peregrinas, 5 dientes de ajo, 300 g. de gulas, Perejil fresco , 1 guindilla cayena, Aceite de oliva, 1 vaso de Brandy, Sal y pimienta
  En primer lugar, limpiamos las vieiras a conciencia, retirándole toda la arena y la membrana alrededor de la carne así como la despegamos por completo y eliminamos una hebra negra que es el intestino.
                En una sartén a fuego medio disponemos en aceite de oliva un par de dientes de ajo laminados y salteamos, cuando estén dorados los ajos, las gulas durante un minuto rectificándolas de sal y pimienta y reservamos.
                En otra sartén con aceite de oliva, no demasiado, añadimos tres dientes de ajo cortados en láminas y una guindilla de cayena. Cuando los ajos comiencen a dorarse, incorporamos las vieiras y
sazonamos. Damos unas vueltas a las peregrinas para que se salteen convenientemente y agregamos brandy para flamear el conjunto, echando una cucharada de pimentón dulce una vez haya terminado de arder y retiramos en seguida del fuego para que no se tueste éste.
                Finalmente, presentamos el plato colocando en el interior de las conchas de la vieira las gulas y sobre éstas una ración de pil-pil y vieira espolvoreado de perejil trinchado.

viernes, 30 de agosto de 2013

CALAMARES RELLENOS CON SALSA DE ALMENDRAS

La receta que les traigo es una muy antigua, si de mi propio recetario hablamos;  forma parte de los inicios en mi andadura por este oficio y por eso le tengo un especial cariño. En ella unimos dos recetas propiamente dichas, porque la salsa de almendras es una preparación compleja en sí misma y el relleno de cualquier cosa con un preparado, llamado Farsa en términos culinarios, es cuestión bastante extensa e interesante. 
¿Porqué digo que la receta de la salsa de almendras es compleja?,  porque el sólo hecho
de añadir un puñado de almendras a una base compuesta de caldo obtenido de la cocción del elemento al que vamos a bañar en la salsa, imprime un carácter y personalidad propio de la zona andaluza donde vivo y del legado arábigo-andalusí del que partimos en el concepto de nuestra manera de cocinar con especias. En sí misma no es nada difícil, pero bastante laboriosa. Espero poder describir con facilidad los distintos procesos y que la receta sea de vuestro agrado.
CALAMAR RELLENO 
4 calamares de tubo grandes, ½ Cebolla, 1 Tomate maduro, Una cucharada de Brandy, Pan rallado, 2 Huevos, 1 Pimiento verde, 2 Dientes de ajo, 250 Grs. de ternera picada, Sal y pimienta, Harina fina, Aceite de oliva
Para el relleno, vamos a rehogar la cebolla, el ajo, el tomate y el pimiento, todo ello troceado.  Cuando hayamos dado unas vueltas en la sartén al conjunto, le incorporaremos la parte de las aletas y tentáculos que hemos extraído de los calamares, igualmente troceados. Una vez esté todo pochado, añadiremos la ternera picada y doraremos a fuego medio junto a las verduras. Cuando esté en su punto, flambearemos con un chorrito de brandy hasta que reduzca y rectificamos de sal.
Seguidamente trituraremos todo el relleno en el vaso de la batidora, para ello vamos a usar pan rallado que iremos echando poco a poco de manera que el relleno adquiera una textura untuosa, a modo de paté que debemos rectificar de sal y pimienta. Con todo esto, ayudándonos de una cuchara vamos a untar de relleno el hueco del tubo de calamar vacío, apretándolo bien y cerrándolo con un palillo. Un truco: es aconsejable dar la vuelta del revés a los calamares para que se cierren mejor y no salga el relleno al cocinarlo.
Sólo nos queda rebozar, pasando por harina, huevo batido y pan rallado, para luego freír en la freidora hasta que doren.
SALSA DE ALMENDRAS
6 dientes de ajo, ½ Kg. de Almendras peladas, Pan del día anterior, Agua, Azafrán, Pimentón,  Colorante alimentario (facultativo), 1 Cebolla grande, 1 Tomate grande, 1 Pimiento verde, Perejil una ramita

Para la salsa, en una sartén con aceite de oliva, rehogaremos los dientes de ajo, las almendras peladas y el pan en rebanadas. Cuando estén dorados los ingredientes, apartaremos de la sartén  y los reservaremos. En el mismo aceite, vamos a hacer un refrito con el tomate, la cebolla y el pimiento.
Cuando la verdura esté rehogada, le añadimos los ajos, las almendras y el pan, así como unas hebras de azafrán, pimentón dulce y si nos gusta la salsa de color fuerte, podemos usar colorante alimentario. Le damos unas vueltas al conjunto, y trasladamos todo a un recipiente adecuado para triturarlo con un poco de caldo de pescado o agua en su defecto,  para que nos sea más fácil el trabajo.
Cuando esté todo triturado, lo colamos por un colador chino para evitar hebras de la verdura. En este momento, debemos probar el punto de sal para rectificar al gusto, también podemos añadir pimienta o una guindilla cayena de más si nos gustan picantes.
Para presentar el plato, cortamos en rodajas el calamar relleno y napamos con salsa decorando con huevo cocido troceado y perejil fresco trinchado.

miércoles, 30 de mayo de 2012

HAMBURGUESAS DE SALMON CON PAPAS EN ADOBILLO

                 El calor aprieta  sin reparo y la playa es lugar obligado de peregrinación, cual Camino de Santiago propio se tratara. Para ello, necesitamos además de paciencia al volante, una buena provisión de viandas para hacer frente a todo un día de asueto. He aquí el dilema, ¿Qué me llevo para comer?, pregunta la señora algo agobiada al mismo tiempo que el marido, en vez de ayudar, también pregunta ¿has echado el tinto con casera?; y en medio, los niños revolviendo cubos y palas buscando el flotador…. Ir a la playa en familia es toda una aventura, para encima ponerse a hacer la comida.
                Como a buen seguro no va a faltar que beber, pues ya se encargará el marido de que así sea, voy a sugerirles una receta apropiada para cocinar la noche  antes o bien  muy de mañana y que es adecuada para un día de playa.  Esta receta no sólo se puede tomar fría sin que pierda sabor, sino todo lo contrario, pues es  en el caso de las papas en adobillo lo más recomendable de hacer ya que es en síntesis un adobo liguero que cuanto más tiempo de maceración tenga, más bueno estará el producto.
                Esta receta es muy antigua y a la vez utilizada para ocasiones en que había que atender estómagos sin tiempo para preparar nada. No hace demasiado, era muy popular y común ver este preparado por las familias que venían de los pueblos del interior a pasar un día en la costa cargados de fiambreras y de ilusión por ver el mar.
                En cuanto a las hamburguesas de salmón, es una propuesta que creo que les va a gustar, ya que, aunque no es popular la cocina del salmón Andalucía, en la playa este sabor nos resultará recomendable. Cualquiera que sea lector habitual de esta sección, sabrá que tengo una especial predilección por los pescados azules y su aportación de ácidos grasos omega3, siendo los alimentos mas ricos en este tipo de grasa el pescado, como ya les he comentado, y el marisco. Por esto merece la pena incluirlo en la dieta, al menos dos veces a la semana. Entre los pescados azules mas aconsejables encontramos la anchoa, el salmón, la sardina, los arenques, el atún, la caballa, el chicharro, la palometa, la trucha, el cangrejo, la gamba, el mejillón, las ostras ... productos que tenemos a mano y que no representan ningún quebranto para la economía familiar y, en cambio, un artículo de lujo para nuestra salud.
                INGREDIENTES:
Para las patatas:
Patatas 1 kg.  Espárragos trigueros,  Ajetes frescos, Tres o cuatro dientes de ajo,Agua, Pimienta en grano,
Azafrán,  Miga de pan,  Pimentón dulce, Orégano, Vinagre,  Sal
Para las albóndigas:
Salmón fresco ½ kg. aprox, Dos dientes de ajo,  Sal,Perejil fresco, Dos huevos, Leche, Pan rallado, Vino Amontillado ,  Pimienta, Harina de rebozado, Aceite
             En primer lugar, pelaremos las patatas y las haremos rodajas lo más finas posible. Seguidamente, las introduciremos en agua al objeto de que suelten el almidón que tienen y no se peguen al cocinarlas.
              Mientras las patatas están en agua, aprovecharemos para elaborar el adobo de éstas. En un mortero, colocaremos los dientes de ajo pelados, los granos de pimienta, azafrán, miga de pan, orégano, pimentón dulce y mojaremos todo con vinagre y agua, en proporción de dos partes y media de agua por una de vinagre. Todas estas especias, al igual que el vinagre, son preceptivas de ser más o menos utilizadas en su cantidad, a criterio del cocinero o cocinera dependiendo de los gustos de los comensales.
                Por tanto, empezamos a trabajar en el mortero todo el adobo hasta que sea una pasta, incorporándole el preparado de agua y vinagre poco a poco para así darle aspecto fluido y que vaya aligerando.
                Por último, en una sartén con un poquito de aceite, salteamos los espárragos trigueros y los ajetes hasta que estén hechos y los reservamos. Una vez hecho esto, escurrimos las patatas y las cocemos en aceite de oliva, que debe cubrirlas,  a fuego moderado. Cuando estén tiernas, añadimos el adobo sobre éstas, los espárragos y los ajetes y le ponemos agua para que cueza el conjunto de forma suave. Rectificamos de sal  y  apartamos para que vayan enfriando.
                En cuanto a las hamburguesas, hervimos el salmón con un diente de ajo y unas gotitas de aceite de oliva y lo desmenuzamos aplastándolo con un tenedor. Colocamos en un bol toda la pasta de salmón, le incorporamos perejil fresco trinchado lo más fino posible, dos dientes de ajo picados muy pequeñitos, un chorrito de amontillado, dos huevos y un poquito de leche.
Trabajamos todo hasta mezclarlo de forma homogénea y le añadimos el pan rallado paulatinamente hasta que todo el conjunto ligue y sea una masa compacta. En nuestro caso, haremos bolitas algo más grandes de lo normal y luego las aplastaremos dando forma ovalada. Tras esto, pasamos por harina los filetitos de salmón y los freiremos en aceite fuerte.
Buen provecho. 

domingo, 12 de febrero de 2012

TORTILLITAS DE BACALAO CON MIEL DE CAÑA

TORTILLITAS DE BACALAO CON MIEL DE CAÑA

Aunque usted sea de los que van a una boda y se quedan en la puerta, buscando un bar como el que busca candela con tal de no entrar a la iglesia, a la cuaresma le debe agradecimiento eterno.  Aunque en estas fechas, en vez de guardar vigilia,  se coma los filetes con cuchara y a las rebanadas de pan tostado le unte manteca “colorá” como si concursase en la Peña El Palustre el día del concurso de  albañilería, cualquiera de ustedes está en deuda con el hecho mismo de la existencia de  la cuaresma y su abstinencia a lo largo de los años. No obstante, debo aclarar que si su línea de comportamiento es la descrita, me temo que no conseguirá eludir el purgatorio y, por consiguiente, el perdón eterno nunca le llegará.
¿Porqué digo esto de la deuda?, porque a la cuaresma le debemos un recetario donde el bacalao es el rey indiscutible. En opinión del prestigioso cocinero Doménech Moli, catalán para más señas, el bacalao ha sido el único resultado positivo de la cuaresma. Esta afirmación es un tanto exagerada, pues en mi opinión el bacalao ha recorrido un largo camino a modo de carrera profesional en la que ha escalado de categoría, como si se tratara de un militar “chusquero” que a fuerza de años lo hacen sargento. De  lo necesario por la escasez a pasado a producto placentero, de la obligación por devoción religiosa ha gusto culinario por si mismo. El gusto por el bacalao no es nuevo y las presentaciones y recetas se cuentan por cientos, pudiendo representar la obra de teatro de la gastronomía en el papel de entrante, sopa, como guiso, en ensalada o plato fuerte, acabando casi siempre con un aplauso de su público dependiendo, eso si, del director de la obra que en este caso es el cocinero.
Técnicamente, el bacalao barato no existe y su nombre científico es Gadus Morhua, aunque parece mentira que el producto típico de la vigilia, debido a su austeridad, se haya convertido en artículo de lujo. Alguien me dirá que existen tres clases de bacalao, los macrocephalus, morhua y el ogac; pero es el morhua el de mejor calidad y por ello es el que les cito. Toda esta explicación viene a colación de las ofertas que existen en los supermercados que casi regalan el producto, siendo abadejo en el mejor de los casos,  en vez de bacalao.
 El bacalao no es un producto de temporada pues lo tenemos a nuestra disposición todo el año, aunque es ahora llegada la primavera cuando toma su mayor protagonismo por lo anteriormente dicho. La primavera y la Semana Santa, por ende el bacalao, están estrechamente relacionados por los acontecimientos que los rodean. Ciertamente si nos paramos a pensar,  las estaciones están regidas por los eventos sociales o religiosos que van unidos a ellos, como el invierno y la Navidad, la primavera y la Semana Santa, el verano y las vacaciones de colegio, el puente del Pilar y el Otoño. La Semana Santa que nos ocupa marca la llegada de la primavera sin lugar a dudas, topándonos con ella el Domingo de Ramos en el parque y jardines de la Catedral, descubriendo que el azahar se anuncia a sí mismo avisando de su presencia. Para quien no se entere de llegada de la semana Santa, la televisión se encargará de anunciárnoslo reponiendo Ben-Hur por enésima vez. Personalmente creo que el gobierno está detrás del hecho de que repongan cada año Ben-Hur, Los Diez Mandamientos, la Túnica Sagrada…etc., pues es una forma de fomentar el turismo, y así obligarnos a salir de casa para  evitar tener que tragarte una de estas películas otra vez; si no, no tiene explicación que las repongan año tras año. Perdón por la broma.                                                                  
Los tambores y las marchas procesionales ya pueden escucharse si nos paramos un poco a ello. Por mi parte, los recuerdos que conservo de las procesiones siendo niño, en cuanto a lo gastronómico se refiere, van en relación con la luminosa mañana de Domingo de Ramos y su obligado estreno de ropa, para no verme abocado a una segura caída de manos, que nunca me expliqué como podía producirse tal fenómeno inexplicable. En esta mañana de domingo volvían a mis ojos los carritos de golosinas repletos de altramuces, chupetes de caramelo, manzanas glaseadas…etc., que siempre me pregunté donde guardaban dichos carros todo el año y que hacían con lo que les sobraba. Cosas de niños... Aunque lo que mas me llamaba la atención era el señor con los cucuruchos de azúcar de colores que simulaban helados y se llevaban en una paleta enorme, pinchados en boquetitos.  Por otro lado, capitulo aparte eran los inevitables limones “cascarúos”, que provocaban en mi una inevitable atracción que al tercer mordisco me hacían reparar en la promesa que hice el año anterior de no comprarme ninguno más, pues se me ponían los dientes muy largos al morderlos. En cuanto a lo que es comer de verdad, me encantaban los soldaditos de Pavía que preparaba mi abuela y su arroz con leche del Viernes Santo, junto al potaje de bacalao con espinacas y garbanzos; la ensaladilla de bacalao y naranjas que hacía mi madre no le iba a la zaga tampoco. Esta semana les traigo una receta que es una variante de los citados soldaditos de Pavía que antes le he nombrado y que conocí en una visita que hice a Villanueva del Trabuco un Viernes Santo cuando era niño. Espero que sea de su agrado.

INGREDIENTES
1/2 Kg. Bacalao seco,  ½ Kg.  Harina fina, Una pizca de levadura, Perejil fresco, 1 diente de ajo, ½ litro de agua, Azafrán, Aceite de oliva, Sal y pimienta
     En primer lugar vamos a poner en remojo el bacalao seco la víspera. Cuando esté hidratado al día siguiente, lo desmigamos con los dedos y lo ponemos a rehogar junto al perejil y el ajo trinchados.  En cuanto le demos unas vueltas, lo mojamos con agua y lo llevamos a hervir durante unos diez minutos a fuego fuerte. Una vez pasado este tiempo, escurrimos los ingredientes y reservamos el agua.
En cuanto esté un poco templado el bacalao, le añadimos la levadura junto al azafrán en un bol y  el agua que habíamos guardado, donde trabajaremos la mezcla y añadiremos, poco a poco, la harina hasta que obtengamos una pasta que taparemos con un paño limpio en un sitio fresco y seco, sazonada convenientemente.
Transcurridos unos treinta minutos, disponemos una sartén profunda con aceite de oliva al fuego y vamos tomando porciones de masa con dos cucharas y friendo en dicho aceite. Deben quedar doradas y se han de comer recién hechas.   

jueves, 21 de julio de 2011

ATUN MOZARABE Y LA LEYENDA DEL ATUNERO MAGO

ATUN MOZARABE Y LA LEYENDA DEL ATUNERO MAGO

No es el atún protagonista estrella del recetario malagueño y son pocos los platos en los que destaca en la tradición culinaria que heredamos de nuestros abuelos. No obstante, aunque parezca sorprendente, en Málaga hubo un tiempo en el que la pesca de atunes era muy abundante y en época de los romanos sus geógrafos destacaban nuestro litoral como de gran valor pesquero.

            En relación a este arte, existía una notable actividad económica alrededor de la pesca y por ese motivo existían muchos personajes que destacaban en tan noble oficio, que requiere de mucha disciplina en la observación de los mares y dotes de intuición para interpretar estas operaciones. Precisamente en la época musulmana existía un pescador que oficiaba en la zona comprendida desde Marbella, San Pedro y Estepona que era conocido como “el Tun ‘ni”, o sea el atunero, en lugar de su auténtico nombre que era Abdul el Beker.

            Pueden imaginar cual era la precisión  en la pesca de atunes del sujeto para que le apodaran “el Tun’ ni”, pues era capaz de aunar  visión y capacidad para descifrar los signos que el mar enseñaba sólo a quien era capaz de advertirlos. Cuentan las leyendas, que el marinero era capaz de observar noches enteras el mar y distinguir el paso de los atunes por el destello de sus lomos a la luz de la luna, consiguiendo saber de ese modo cómo y dónde colocar las almadrabas el día siguiente para conseguir las mejores piezas.

            De igual modo, año tras año repetía la misma suerte obteniendo los mayores atunes y las pescas más abundantes alcanzando fama entre  los demás marineros, quienes  decían de él que  poseía un don casi mágico. Esta habilidad que se creía mística,  no podía ser explicada de otro modo que no fuese a través del prisma de un amor por lo relacionado con su oficio y el mar que, por tanto como sentimiento que era, le resultó imposible transmitir  a nadie, muriendo la habilidad con él.

            Por mi parte, sin pretender tener ni mucho menos tanta habilidad en mi oficio como la tenía el atunero, sí me he propuesto transmitir todas las recetas que conozco por mi propia experiencia y por los recetarios antiguos. De forma que espero que lo que les propongo esta semana les guste y les resulte fácil de elaborar.

 INGREDIENTES

200 g. de atún fresco,   1 Cebolla,   50 gr. De piñones, 50 gr. De pasas y dátiles, 10 gr. De pimentón dulce,  1 vaso de vino Málaga
1 vaso de caldo de pescado,  Sal y pimienta,    Aceite de oliva, Alcachofas cocidas,                  Hierbabuena fresca

            En primer lugar, trocearemos tanto el atún en tacos como la cebolla muy picadita. Acto seguido, marcamos en la sartén el atún junto a la cebolla y cocinamos a fuego medio hasta que se poche la verdura. Tras esto, añadimos las pasas, los dátiles sin hueso y los piñones,  rociamos con un vaso de vino Málaga y dejamos que reduzca a un tercio de su volumen de manera que se evapore todo el alcohol.

            Una vez incorporado el vino y dejado reducir, añadimos el vaso de caldo de pescado y dejamos cocer a fuego lento durante unos cinco minutos junto a las alcachofas troceadas, un poco de pimentón dulce y rectificando de sal y pimienta si fuese preciso.

            Por último, presentamos el plato con un poco de hierbabuena troceada muy fina y espolvoreada sobre el mismo.                       

domingo, 3 de abril de 2011

BACALAO AL PIL-PIL

BACALAO AL PIL-PIL

“En Cuaresma esplendor en el campo,
culto en la iglesia y rito en la mesa”.

                                                Popular.

Como dice el refrán, en cuaresma los ritos están presentes en el día a día en todos los ámbitos de la vida de la Málaga cofrade. Por este motivo, la receta que les propongo esta semana viene a colación pues en sí misma no deja de ser un rito para todo aquel que la prepara. La calidad del bacalao influye en el resultado final, así como el tipo de aceite, la temperatura ha de respetarse como si de una fórmula química se tratase y la técnica de cocina que se ha de aplicar es de las más antiguas. Por tanto, nos encontramos ante la receta reina de todas las recetas de bacalao y creo que el santo y seña de la cocina vasca. Casi nada para continuar el repaso a la cocina del bacalao en la cuaresma, que me he propuesto para todo este mes hasta que llegue nuestra Semana Santa.

Muchísimo podría escribir acerca de esta salsa y lo que representa, pero no está en mi ánimo cansarles con una larga disertación sobre esta importante receta. Esta semana, sólo me voy a detener en el origen del nombre, que ya de por si es extraño y digno de estudio.

Realmente el término pil-pil no es más que una voz onomatopéyica que viene a describir el ruido que hace un líquido caliente al caer en una cacerola vacía. Al menos eso es lo que defiende a capa y espada el escritor bilbaíno Emiliano de Arriaga en su Lexicón bilbaíno del año 1896. Por buscar un origen a la receta tal y como se conoce hoy, existen menciones de la misma en libros escritos por autores vascos en los años treinta, donde llamaban a la preparación el pilpil de bacalao ligado o a la busturiana. En esto último no hay ninguna duda, pues existía una casa de bacalaos en Bilbao que se llamaba La Busturiana, donde Marcelina Elesgaray probablemente fuese quién la creara de la manera que la conocemos en la actualidad, ligada y untuosa. Aunque de todas formas, la salsa que allí se preparaba iba guarnecida de huevos cocidos, espárragos y guisantes, muy al estilo de cómo se prepara la merluza a la koskera, que es otra receta que pertenece al grupo de las señeras de la cocina vasca.

Fruto de la propia evolución, sea como fuere, hoy día conocemos la salsa como una preparación untuosa, blanquecina y gruesa gracias a la acción de la emulsión del aceite con la gelatina del pescado y la algina del ajo. Aunque en su concepto es una salsa fácil de preparar, a la hora de la verdad resulta muy complicada de conseguir de forma óptima pues requiere de una técnica muy depurada y de mucha paciencia. Pero no se asusten, me he propuesto que sean capaces de preparar un bacalao al pil-pil cocineros y no cocineros, de manera que voy a intentar explicar como se hace de dos formas bien distintas pero cuyo resultado tiene que ser el mismo sin necesidad de que nos matriculemos en La Cónsula a estudiar cocina durante tres años. Espero que sea de su agrado.

INGREDIENTES


           4 Lomos de Bacalao, Aceite de oliva, 6 dientes de ajo,2 guindillas, 2 Cazuelas de barro.

En Primer lugar debemos desalar el bacalao. Para ello hemos de remojar éste al menos las doce horas antes de que se cocine. Durante este proceso, es muy recomendable cambiar unas tres veces el agua del remojo para evitar que la sal en suspensión no termine de marcharse nunca.

Una vez dispuestos a cocinar el pescado, lo secamos muy bien con un paño y le quitamos las espinas que pudiese tener, por otro lado, es importante descamar con cuidado la piel.

Hacemos unas láminas delgadas con los dientes de ajo y las guindillas, procurando quitar las semillas a éstas últimas. Disponemos una cazuela al fuego con aceite de oliva y echamos los ajos y las guindillas hasta que doren, momento en que apartamos la cazuela del fuego y reservamos los ajos y las guindillas.

Cuando la cazuela esté templada, introducimos los lomos de bacalao con la piel hacia arriba. Colocamos de nuevo la cazuela al fuego, pero esta vez al mínimo, y dejamos que cueza suavemente unos cinco minutos. Como no es conveniente que el pescado se pase de cocinado pues se volvería trabado y difícil de comer, es recomendable que después de pasados estos minutos, apartemos del fuego y cambiemos el pescado de cazuela, pues ésta retiene el calor durante mucho más tiempo que una cacerola de acero inoxidable y continuaría aportando calor al bacalao provocando que se pasase de punto.

Tras haber cambiado el bacalao de cazuela, siempre con la piel hacia arriba para favorecer que la gelatina de éste se funda, añadimos tres cucharadas del mismo aceite que se usó para freír los ajos y cocer el propio pescado. Dejamos unos dos minutos en reposo el bacalao en su aceite fuera del fuego y, pasado este tiempo, acercamos al calor de una placa difusora o de un fuego al mínimo procurando que no rompa a hervir en ningún momento y comenzamos a mover la cazuela en círculos rítmicos hasta que la salsa ligue. A medida que el aceite se torna untuoso, vamos añadiendo cucharadas del aceite que sobró de su cocinado para que la salsa aumente y, cada ratito, apartamos del fuego o el calor que estemos usando para ser prudentes con la temperatura y evitar que suba más de lo recomendable.

Cuando la salsa, tras mucho vaivén de cazuela, ha ligado y se ha convertido en una especie de mayonesa, será cuando esté en su punto, de manera que servimos el bacalao cubierto con la salsa y decorado con los ajos y las guindillas, así como de perejil fresco trinchado por encima.

Hasta aquí, la receta la he explicado tal y como se ha hecho a lo largo de los años, siguiendo la tradición de la cocina vasca y el método ortodoxo que todo buen cocinero debe aplicar a la preparación de esta receta. Pero, no obstante, no todo el mundo tiene los conocimientos de la técnica necesaria para elaborar este plato, la paciencia que requiere ni en todas las ocasiones el bacalao que nos venden es lo suficientemente graso para conseguir la gelatina necesaria. Por eso les voy a explicar una manera muy sencillita de preparar esta salsa en casa y que nada tiene que envidiar a la receta original.

Para esta versión, procedemos de igual forma que en la receta anterior justo hasta el momento en que retiramos del fuego la cazuela y apartamos los ajos. Tras esto, introducimos los lomos crudos del bacalao con la piel hacia arriba y los dejamos reposar en el aceite, aún caliente, unos veinte minutos o hasta que el aceite esté frío. En todo este tiempo, observaremos que el calor que ha retenido la cazuela ha servido para que el bacalao comenzase a sudar agua y gelatina, cocinándose el sólo al vapor del aceite. Retiramos el bacalao y lo reservamos tapado con papel aluminio para que no se enfríe demasiado.

Por último ligaremos la salsa ayudados de un colador, si han leído bien, de un colador. Hundimos un colador grande en la cazuela con el aceite ya casi frío y comenzamos a frotar el fondo de la cazuela en movimientos circulares alrededor de todo el perímetro de la cazuela. En muy poco tiempo, al contrario del método anterior, el aceite comenzará a ligarse tomando un tono brillante y cremoso. Para calentarlo, una vez que tengamos la salsa montada ponemos el bacalao sobre ésta en la cazuela a fuego muy suave para que no se desligue. Sólo nos queda montar el plato como antes, con el bacalao debajo y la salsa encima con las láminas de ajo y de guindilla, así como el perejil espolvoreado.

Con este método, si aún así no disfrutan de un buen bacalao al pil-pil es por dos motivos: no les gusta el bacalao o no quieren molestarse en hacerlo. Por mi parte, he todo lo humanamente posible para que así sea, de forma que les paso el testigo. Buen provecho.